Capítulo 2: La adivina y el vidente

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ּ꠵ En ese instante,
te aseguro que
alguna señal te di

.•*¨*•.¸¸❁.•*¨*•.¸¸❁ .•*¨*•.¸¸❁.

Auron colocó su teléfono sujetándolo entre su mejilla y hombro, tenía una mano ocupada sosteniendo una hoja de papel y la otra escribiendo en la Laptop acomodada en sus muslos. Axozer estaba sentado a sus pies jugando con un robot mientras veía La Sirenita a un volumen prudente que no molestase el trabajo de su hermano mayor. A pesar de eso, el niño le interrumpía a ratos para hablar de la película.

—Sebastián es igual de aburrido que Reborn.

El castaño resopló una carcajada y llevó el dedo índice a sus propios labios para callarlo. Carraspeó a favor de recuperar su compostura y continuó hablando con su jefa del otro lado de la línea.

—Ari, ¿hablaste con el trabajador social sobre la situación de Daniel? —preguntó al teléfono. Daniel era un niño en situación de calle que trataba personalmente en el albergue; él prefería que le llamasen Ocho—. Antes de salir de la oficina le pedí que interviniera.

Lo hizo, tranquilo. Ya está bajo nuestro cuidado —contestó Ari—. Creo que una pareja está interesada en él, les daremos seguimiento.

—¡Magnífico! Así me quedo más tranquilo.

Lo imaginé. Yo me encargo de todo aquí, pierde cuidado.

—Y, ¿qué pasa con..?

Él ya regresó a su consultorio —respondió la mujer, asumiendo que hablaban de Samuel de Luque—. Me preguntó por ti; quería saber cómo estabas.

—Tch. Como si le interesara —Auron arrugó el ceño—. Dile que estoy de maravilla, espectacular, fantástico...

Sí, sí, lo que digas. ¡Cuelga ya, disfruta tu descanso!

—Lo haré. Chao.

Nos vemos.

Axozer miró de reojo a su hermano mayor, dándose cuenta de su enojo subyacente. No entendía del todo por qué Auron estaba teniendo problemas, pero le desagradaba verle así de cabreado. Se puso en pie y caminó a lo largo de la cama para sentarse en su regazo y Auron automáticamente llevó sus manos a los suaves cabellos del niño, pasando sus dedos entre los mechones negros y blancos.

—Si Reborn se entera que estás trabajando, te regañará.

—No estarás pensando en delatarme, ¿no?

—Depende —concluyó el menor, levantándose de un salto—. ¡Llévame al mar! ¡Quiero más caracolas!

Auron fingió pensarlo arduamente y terminó aceptando, pellizcándole una mejilla regordeta.

En el mar había pocas personas. Para ser un centro de reunión de multitudes, los días eran tranquilos, silenciosos salvo por el azote de las corrientes de aire y plagados de sol. Para Auron, las playas eran ciertamente agobiantes, siempre repletas, bulliciosas; ésa superaba sus expectativas. Tenía una intriga interna: si ya se había hecho con un anillo, ¿qué más podría encontrar? Dicho mar era muy misterioso como para que la joya fuese la única particularidad con la que fuera a toparse. 

﹝Rubiusplay﹞El anillo misteriosoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora