Génesis

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Sofía

Es viernes por la noche, y me encuentro como cada semana, puntualmente, sentada en el balcón de mi habitación, observando desde lo oscuro la casa contraria.

Cada viernes, a las 23 con 30 horas, ella baja desde la ventana que da a su habitación, creando en el proceso cualquier pose nueva, que para muchos serian raras, y, que, para mí son obras de artes dignas de un museo, todo eso para no caer de cara.

Y luego verla desaparecer por los arbustos, para mí, formaba parte ya de mi rutina diaria. No me perdería el espectáculo, ni una sola vez.

¡Hey!. Y no me digan que soy una total acosadora, es solo apreciar las cosas lindas, porque ella, realmente es majestuosa. ¡mierda! ¡mierda! ¡deja de pensar estupideces, tú no eres lesbiana Sofia! Creo que la primera sesión de quimio debió de haberme dejado un poco más atolondrada, o será el tinte rosa que me hecho cada tanto en el pelo.

¡No no no! Inicio un proceso de agitar la cabeza de un lado para otro hasta que un sonido me hace saber que no estoy sola, detengo el acto y, lo que se empieza a agitar de sobre manera ahora es mi corazón.

—Hey algodón de azúcar, no pretenderás quitarte la vida cierto

—yo..yo — tratando de no sonar nerviosa, aunque mi tartamudeo diga lo contrario —solo salí a tomar un poco de aire — termino lo más tranquila posible

— ya

Noto la mirada de esos ojos marrones, penetrante, pesada, puestas sobre mí, pero soy incapaz de dar la cara.

—entonces dime, ¿te parezco majestuosa?

Estoy estática, palidecí, no es posible, acaso ¿ella me escucho?, ¿no estaba pensándolo? ¡demonios! Si antes no podía mirarla ahora no creo ni poder respirar cerca. Esa voz conocida vuelve a interrumpir entre mis pensamientos, y me doy cuenta, aún no he reaccionado a sus palabras. Dios ya no me esperes, puedes llevarme justo ahora, no habrá rencores, lo prometo.

—yo lo llamaría acoso, pero no hare ninguna denuncia, puedes estar tranquila algodón de azúcar.

—no hablaba de ti — fue lo único que pude responder. Y, extrañamente ya no sonaba tan nerviosa esta vez

—¡oh claro!, después de todo no puedo ser yo el único ser divino de por aquí. ¿no es así? —soltó con un poco de picardía en su voz, con ese estúpido y perfecto rostro mostrándose muy segura de si — habrán otras personas majestuosas por allí —

La seguridad con la que soltaba esas palabras me ponía los pelos de punta, pero también me hacían querer darla un golpe. —claro, a fin de cuentas, no es como que la tierra rotara por ti — la seguridad con la que ahora, yo, soltaba mis palabras me impresiona, bastante para ser verdad

Ella, mirándome fijamente y ahora con una mueca burlona, no tardo en contestar — el próximo viernes saldré más temprano, si quieres salir a divertirte conmigo, solo tienes que decirlo. Quedarte observando desde allí seguirá pareciendo acoso —

—Entonces hagámoslo hoy

Tal vez este sea el génesis de mis 20, no con una estúpida enfermedad, más bien en alguna fiesta, y con una chica irritable pero sexy a mi lado. 

Eternamente SofíaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora