[Track #1: Lee Hi - Dear You]
Se revela la noche, seguida de cerca por una reciente brisa de primavera. Mis pies se mueven descalzos y fríos por un camino de espinas. Zarzas que graban mi piel e irónicamente se sienten como suaves caricias en mis tobillos.
—¡Es mi hija!... ¡Le pagaré lo que sea!... ¡Tiene que ayudarla por el amor de Dios! —Escucho a mi madre gritar. Y percibo sus manos congeladas y su perfume de rosas sobre una bufanda alrededor de mi cuello.
¡Señora no puede estar aquí! —Expresa una voz rasposa—. Su hija ha estado en coma desde que llegó al hospital. Al parecer, por el shock del accidente... N-no quiero saltar a conclusiones premeditadas, pero es muy probable que su hija desarrolle algunas etapas de amnesia.
—¡¿Cómo amnesia?! —Todos gritan a mi alrededor. No quiero escucharlos. No quiero sentirlos... No quiero sentir su preocupación tan cerca.
«Cállense... Todos... cállense, por favor».
Seguido de esto mi corazón comienza a acelerarse y mi cuerpo se retuerce sobre la camilla. Los horribles pitidos del monitor se prolongan más rápidamente, alarmando a miles de especialistas que corren a atender mi condición mientras escucho a mi madre siendo trasladada fuera de la sala.
—¡Bien!... ¡No perdamos más tiempo! Esa voz rasposa otra vez—. ¡Estamos listos para operar!
«¿Operar?».
Hace solo unos instantes, esa misma voz había hablado de un accidente, solo que yo no podía recordar nada de lo ocurrido en mi cabeza. Con insistencia traté de regresar al pasado, pero me fue imposible replegar algún recuerdo de esa fecha sin acarrear unos fuertes e incesantes dolores de cabeza.
Después de tres horas de una excesiva luz sobre mi rostro, gente corriendo en múltiples direcciones frente a mis ojos, suturas y palabras sin sentido, todo estuvo en calma. Mi cuerpo por fin estaba estable pero aún sentía esas insoportables jaquecas.
[...]
Esa noche volví a escuchar una puerta abrirse. Pensé que sería mi madre dado que era la única persona que recordaba a mi lado, pero mamá no llevaba botas pesadas que se arrastraban dentro de la sala. De hecho siempre vestía con clase, en cualquier ocasión. Mi madre tampoco respiraba tan profundamente a punto de hiperventilar; se mantenía calmada arreglando toda situación habida y por haber con dinero. Y sus manos tampoco se sentían calientes sobre mi rostro como las de este desconocido.
—Cuando despiertes vendré por ti. Te lo prometo, Wheein —indicó el dueño de aquella gruesa voz, acariciando mis mejillas mientras dejaba caer sus lágrimas sobre mi rostro como una triste llovizna—. Te prometo que volveré.
Aunque yo nunca había escuchado un tono similar antes, misteriosamente mi corazón empezó a latir con fuerza desde el primer momento en que escuchó a aquel desconocido.
Me sobresalté al sentir como se hundía un lado de mi cama, y juraría que traté de moverme y despertar en el momento en que aquella persona posaba sus labios sobre los míos.
Todo gesto me parecía desconocido e interesante al mismo tiempo. Quería ceder ante todas las caricias de sus manos, aquel beso suave que no podía corresponder, su pesada respiración y los roces casi imperceptibles de su nariz y la mía. Luchaba por reaccionar de alguna manera hasta que ambos escuchamos como se deslizaba la puerta de mi habitación. Por consecuencia este chico se alejó a toda velocidad de mí. Supuse que habría girado sobre sus pies hacia la puerta, todo esto mientras aún sostenía mi mano.
