— Al fin llegas, te estoy esperando hace un buen rato —. Se quejó Anthony desde el sillón donde estaba sentado.
— Si no me avisas que vienes no puedo esperarte, ¿están solos? —. Cuestionó observando a su hermana.
— Madre dijo que ya volvía.
— De acuerdo —. Dijo con desconfianza.
— Es Tarah — dijo con obviedad su amigo — no podría hacer nada con ella.
— Oh bueno, eso no me ofende —. Dijo con sarcasmo la dama.
— Sabes a lo que me refiero —. Se defendió el caballero.
— No, no lo sé — dijo molesta — pero ahora que llegó tu amigo, los dejaré solos.
— ¿Se enojó de verdad? — cuestionó el castaño una vez que Tarah se marchó.
— No tengo idea — dijo suspirando — últimamente está rara.
— ¿Dónde estabas? —. Preguntó con curiosidad.
— Vamos a mi despacho.
— Así que fuiste a visitar a la linda pelirroja —. Dijo una vez sentado en la oficina de su amigo.
— No la llames así.
— ¿Celos?
— No seas idiota, no puedo sentir celos de alguien a quien no quiero.
— Eso sonó cruel.
— Bueno no quise que sonara así, me cae muy bien la señorita Williams pero no para sentir celos de ella — dijo con obviedad — además, apenas hace una semana que hablamos.
— No es cierto, la temporada anterior, los vi juntos en unas cuantas ocasiones y parecían a gusto.
— Si, tuvimos charlas agradables, pero ahora es diferente la cercanía.
— ¿En qué sentido?
— He aprendido unas cuantas cosas de ellas, y pienso que sería una buena amiga y compañera para practicar esgrima.
— ¿Solo eso?
— Si —. Dijo con seguridad.
— Si tú lo dices.
— Lo que tengo que hacer — dijo suspirando — es encontrar a mi vizcondesa, pero ninguna mujer me parece la adecuada todavía.
— Creo que buscas una mujer perfecta, y déjame decirte que ninguna lo será, nadie es perfecto Nath — dijo con seguridad — evita alejarte de cada dama por el mínimo defecto.
— Sé que tengo que hacer eso, pero no puedo evitar analizar todo de ellas.
— Descuida, aparecerá la indicada.
— ¿Y a que has venido? —. Preguntó cambiando de tema.
— Hay una fiesta esta noche, ¿me acompañas?
— Oh no, no iré a esos lugares a los que te gusta concurrir.
— No es lo que crees, lo juro, solo seremos caballeros apostando un rato.
— ¿Y quieres que crea que no llevaran mujeres?
— Puedes rechazarlas, no es obligación que te acuestes con ellas, aunque personalmente recomiendo que si lo hagas.
— No cambias más — dijo quejándose — y sé que puedo rechazarlas, pero terminaras dejándome solo por irte con esas mujeres.
— Prometo quedarme contigo solo bebiendo.
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Remendando el corazón © TL #3
Historical FictionSaga: Temporada en Londres, libro #3 Nathan Holland necesita encontrar a su vizcondesa con urgencia, a sus veintinueve años, deberá decidir quién será su compañera de vida y la madre del futuro heredero. No tiene ninguna esperanza de casarse por am...