54 - SOBRE LAS NUBES

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Las fanáticas de Antina aceleraron a conciencia

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Las fanáticas de Antina aceleraron a conciencia. Disparar hechizos en pleno vuelo es algo muy difícil, la puntería se ve afectada por las maniobras en el aire y la fuerza de rozamiento. Aún así, fue necesario que Diadema esquive la mayoría de ellos, lográndolo con suerte en algunos casos y otros siendo recibidos por Jol que actuaba de escudo para la piloto.

—¡¿Dónde está tu lanza?!

—¡Creo que en aquella zona!

Diadema se acercó al lugar que indicó el índice de Jol, pero desde arriba resultó imposible ver a través de las copas de los árboles. Voló un poco más bajo, aunque reducir la velocidad sería un suicidio, los alcanzarian enseguida. Además no se sentía capaz de realizar movimientos complicados. La inexperiencia con las escobas y los nervios solo le permitían ir hacia adelante y moverse a los costados de vez en cuando.

El cazador extendió su mano para llamar a Colmillo de Obsidiana, movió la palma expuesta como si se tratara de un sondeo, aunque no hubo ningún tipo de respuesta. Tal vez no era la zona o la distancia correcta.

—¡Creo que ya nos pasamos, Di! —un raudis impactó contra su espalda esparciendo chispas eléctricas y una quemazón acompañada por un zumbido que le hizo apretar los dientes— ¡Están apuntando mejor!

—¡No puedo volver! —admitió la bruja a gran velocidad.

—¡Debemos recuperarla!

—Tienes razón... —la chica respiró profundamente— ¡Será mejor que te agarres bien!

Apenas hubo unos segundos de diferencia entre el aviso y el movimiento. La escoba giró bruscamente hacia abajo noventa grados y la bruja de vestido rojo fue absorbida por la densidad de la flora. Las de brazalete siguieron de largo varios metros antes de frenar para retroceder. Intercambiaron dudas con la mirada, pues todas sabían lo peligroso que es volar entre troncos y no estaban dispuestas a tal riesgo, aunque las más osadas ni siquiera lo dudaron.

La conducción de Diadema era muy rígida sin soltar nunca el mango y siempre intentando mantenerse firme, lo que hizo que se llevaran puestas unas cuantas ramas. Con la rapidez desmedida tuvieron más suerte que habilidad para sortear los obstáculos silvestres. Incluso detrás de ellos varias fanáticas terminaron con los cráneos fracturados por no haber esquivado los troncos que Diadema sí.

El rastro de la persecución fueron pequeños incendios que se iniciaron por bolas de fuego que no alcanzaron a Jol y arbustos desbaratados tras recibir la embestida de las piernas expuestas.

—¡Ya ríndanse! ¡Serán enviados a la hoguera!

Ciertos aspectos de ese lugar despertaron las tenues memorias del muchacho, creyó que estaban cerca. Extendió la palma rastreadora con la esperanza de recuperar su arma.

Una de las perseguidoras aprovechó el camino libre para soltar el mango y conjurar un wardamus justo delante de los enamorados. Ambos vieron cómo el camino se bloqueaba con un muro de hojas. Ante el impenetrable obstáculo tuvieron que ascender rápidamente, desde arriba los estaban esperando las que no se adentraron en el bosque.

UN SECRETO EN EL BOSQUEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora