01.

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Jihyo apretó la mandíbula mientras terminaba de guardar su ropa—anteriormente doblada—en su armario.

—Deja de mirarme el culo, Minatozaki.—rompió el silencio anteriormente gobernante de la habitación, con un tono evidente de advertencia.

Sana se encogió de hombros divertido.

—Deja de ponerlo en mi campo de visión, Jihyo unnie.

Jihyo se giró sobre sus talones para mirar a la menor notablemente fastidiada.

—Mira hacia otro lado entonces.—sugirió, lanzando unos jeans sin una pizca de cuidado dentro del guarda ropa.

—No quiero.

La pelinegra bufó y la menor río.

—Minatozaki.

—Park...

—Deja de mirarme el trasero.—ordenó.

—No quiero.—sonrió ladino, aprisionando su labio inferior entre sus dientes, dejándose caer hacia atrás en la cama reteniendo su peso con sus brazos por sobre detrás de su espalda.

—Sana.—suspiró cerrando sus ojos en un intento por tranquilizarse.— Por favor...

—Dime Hyo..—animó intentando no dejar salir una carcajada, molestar a la coreana era muy divertido.

Park abrió lentamente los ojos, más calmada, mirando fijamente a la chica frente a ella.

—Deja de— ¡Mírame a los ojos cuando te hablo!—reclamó una vez siguió la mirada de la menor en el espejo a su espalda notando—para su vergonzosa existencia—que Sana miraba su trasero en el reflejo.

—Tu culo es más bonito.

—¡Cerda! ¡Pervertida de mierda! ¡Largo de mi casa!

Comenzó a gritar lanzando lo primero que estuviese a su alcance contra la pequeña Minatozaki que a duras penas logró salir de la habitación con vida.

Uff, que caliente era su unnie cuando se enojaba.

Nalgofilia Ꞝ SahyoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora