Capítulo 5

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—¡Morirán de todas formas! —Fue el grito masculino que hizo que Andrea aprete a su hija en un abrazo. El hombre, del otro lado, pateaba con fuerza la madera que parecía imposible de roer.

Normani mantenía sus manos con las palmas abiertas y los dedos estirados, sus brazos estaban extendidos a sus lados, ejerciendo su poder para que la casa sea prácticamente indestructible.

Había tantas cosas que podía hacer, pero no quería lastimarlos o que su heroísmo al salvarla a ella y a su madre llamara la atención de las autoridades y tomaran una decisión unánime de llevarla a Civitem en nombre de Deagle.

—Ellos no podrán con nosotras, mamá. —dijo con firmeza, sintiendo su corazón latir con fuerza, aunque no sabía si se trataba del suyo o el de Dinah, quien corría desesperada entre las rocas, el césped y esquivaba los árboles que la separaban de su amiga.

La mujer se alejó de la muchacha, abrió uno de los cajones moviendo los cubiertos hasta sacar un cuchillo, el más grande, pero en la búsqueda, su desesperación la llevó a que muchos cubiertos cayeran al suelo creando un sonido exagerado, las casas cercanas se alertaron. Sus vecinos se asomaron a la ventana y lograron ver al par de hombres vestidos con harapos que querían entrar al hogar de Andrea y Normani.

Pero antes de que cualquiera pueda reaccionar, un rugido nació desde lo profundo de los bosques.

Era un gruñido de alerta que hizo que los hombres decidieran alzar las manos al aire en rendición y dejaran de lado el mandato de la reina. La reacción de ambos enfureció más aún a Dinah, ni siquiera contaban con personas dispuestas a cumplir con los deseos de la autoridad, pero agradeció por ello en ese caso en particular.

Se acercó dando zancadas y los miró con sus ojos amarillentos enseñando a la bestia que tenía encerrada en su interior. Porque ella aún domaba al animal, aunque su instinto depredador tenía la esperanza de saltar sobre sus guardias y atacar como una sanguinaria despiadada.

"Dinah" El susurro de su amiga y el miedo la inundaron con fuerza, los sentimientos de Normai danzaron en su pecho, pero ella no dejó que su mente los confunda con los suyos.

Todo el endurecimiento pareció disiparse en su interior al saber que tenía que ayudarla. Sabía que podría haberse salvado sola, porque era muy capaz.

Pero no era una asesina.

—Vayanse. —gruñó mostrando sus dientes. Los hombres bajaron la cabeza, en señal de respeto a la hija de la reina, reconocerían esa melena donde sea, además de haberse topado algunas veces con la imagen de la dama transformada en un gran lobo feroz.

Los hombres corrieron a toda velocidad, tropezando en el intento de huir mientras Dinah les daba la espalda.

¿Y los vecinos? Bueno, estaban atónitos, era un lobo...

Una mujer lobo en terreno prohibido, salvando la vida de un enemigo.

Amhernus, el planeta llamado Amor Eterno, era la mayor demostración de diferencias que separaban.

Civitem suponía unir a todos los clanes como si fueran uno solo, a pesar de que formaron una coalición hace más de diez años; nada más que un pacto los había conectado. Todavía había leyes que les impedían vincularse, pero allí estaba Dinah, la hija de la reina de Dark Woods, de pie frente a la puerta de Normani y Andrea mientras intentaba calmarse y no entrar a su propias tierras para llevarse las almas de los hombres que obedecían a su madre.

Los vecinos movieron la cortina de la ventana escondiendo sus rostros cuando Dinah se giró al sentir los ojos sobre ella.

—Mani... —susurró extendiendo su brazo y dejando la palma de su mano sobre la madera de la puerta. Escuchó unos pasos apresurados dentro y segundos después su cuerpo fue atraído por el de Normani, quien se aferró a su amiga con fuerza.

Los ojos de ambas brillaron, no por alguna magia, ni por el lazo que las conectaba, si, había algo más allá que podría explicar lo que había entre ambas pero aún no era momento para que se dieran cuenta de que lo suyo no era solo una amistad de niñas pequeñas.

Sus ojos contenían lágrimas, por el tiempo que pasaron lejos la una de la otra, porque a pesar de que a través de sus mentes se contactaban cada día, eran sus cuerpos los que ansiaban sentir el contacto de la otra.

—Dinah... —suspiró Normani, sus brazos rodearon por los hombros a la mujer y deslizó una caricia detrás de su cuello que le causó escalofríos por todo el cuerpo.

—Diablos, no sabía que te extrañaba tanto. —murmuró Dinah, escondida bajo su cuello, acarició las, ahora curvas de su amiga, asombrada por el cambio que tenía frente a sus ojos. Se separó frotando con suavidad sus ojos para verla mejor, y se sintió fascinada. —Tantas curvas y yo sin frenos. —dijo con las cejas alzadas por el asombro.

—Puedo decir lo mismo. —comentó divertida, mostrando una sonrisa que destruyó a Dinah. —Mamá está dentro. ¿Por qué no pasas? —Sin esperar respuesta entrelazó sus dedos y tiró de ella obligandola a entrar.

—No puedo estar tanto tiempo aquí. —respondió divertida antes de sentir un reconfortante abrazo que llevaba percibiendo desde lejos hacia muchos años. —Andrea. —susurró apretando el abrazo y olfateando a la mujer.

—No puedo creer que seas una loba. —comentó al soltarse, dejando las palmas de su mano sobre los hombros de la futura mujer al mando de Dark Woods.

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