Asistir a los bailes es uno de los deberes de una señorita de la nobleza como yo, mi deber es lucir impecable, andar siempre erguida pero nunca tener el atrevimiento de mirar a los ojos a ningún hombre sin tener su autorización, caminar con elegancia y sutileza, y una mujer de mi edad debe tener cierta coquetería para ser un buen partido y cumplir con mi propósito de vida que es casarme con un buen hombre y servirle como su esposa.
Hoy vamos en camino a una fiesta que ha dado el rey para los nobles de este reino, vienen personas de todo el continente porque se ha dado aviso de un anuncio importante que se hará, de igual forma no asistir a una reunión del rey teniendo su invitación podría provocar la muerte, no creo que alguien se arriesgue de tal forma, por muy largo que sea el viaje, nosotros tenemos la fortuna de vivir en la misma ciudad que el rey, yo he asistido a muchos eventos en la villa del rey desde que era pequeña, aunque hay una cosa que no me agrada de estos eventos, el príncipe.
Al llegar el salón principal está inundado de personas, hay tal cantidad que con este vestido es difícil caminar entre las personas, afortunadamente las personas nos dejan pasar haciéndose a un lado, algunos hacen medias reverencias y las señoritas brindan cierta coquetería con mis hermanos, algo que es muy común con mis hermanos mayores, yo camino al lado de mi hermano Gael, el con su elegancia despreocupada no llama mucho la atención y ambos pasamos desapercibidos.
La velada transcurre tranquila, con algunos bailes y demás, nada fuera de lo normal, me encuentro junto a la mesa de postres, escogiendo el que se vea más apetitoso, tal vez si como uno grande podré llenar mi corsé con dos adorables esponjitas, bueno ya tengo unas, pero podrían ser más grandes, dicen que eso agrada a los hombres, aunque no entiendo por qué, ese ponqué de moras silvestres se ve muy esquicito, me es permiti...
- Eres la hija menor del general ¿verdad? -al escuchar su voz mi espalda se enfría, mi cuerpo se congela y se hace un nudo en mi garganta, giro lentamente hacia la voz y lo veo, vestido con su uniforme de honor de caballero, su cabello rubio, ojos azules, tres dientes de oro en esa siniestra sonrisa, con su metro noventa de estatura el príncipe resulta muy intimidante- ¿se te ha comido la lengua el ratón? ¿acaso no se te ha enseñado a respetar a los hombres? -me imagino que mi cara es la representación del horror, aunque no lo imagino por mucho tiempo porque él me lo dice- te ves algo asustada pequeña, como un pequeño conejito blanco –suelta una carcajada- eso eres, un frágil conejito, una pequeña presa, tu tes es tan blanca, como un lienzo –en su cara se dibuja de nuevo esa sonrisa retorcida- serás tú pequeña, eres la elegida.
No logro respirar incluso ahora que se ha ido, la imagen de esa chica que repite en mi memoria, el grotesco sonido de sus gritos, sus sollozos, no puedo soportarlo, siento que me falta el aire y pierdo el equilibrio, intento sostenerme de la mesa, pero no alcanzo a conseguirlo, de pronto unas manos fuertes me sujetan levemente por los hombros, abro los ojos y me encuentro con esos rasgados ojos café, -respire por la nariz y espire por la boca señorita- es lo que logro entender, me guía a una silla cercana donde me deposita suavemente...
- Lit, Lit responde, Lit qué te ha pasado, Lit responde –lentamente voy recomponiéndome, las voces se escuchan lejanas.
- El corse me aprieta –logro decir, Gael maldice por lo bajo.
- ¿Quieres agua? ¿te? O algo –niego teniendo ya más conciencia de mí misma.
- Me encontré con el príncipe –logro decir mientras mi hermano se sienta a mi lado.
- Nunca he hablado con él, parecer más de la gente que le agrada a Alcatraz y Federick y...
- Su atención caballeros, su majestad Enrique Iglesias de la consagración Armando III, va a dirigirnos unas palabras –suelto una pequeña risilla por lo bajo, que nombre más ridículo, mi hermano me lanza una mirada de advertencia mi cabeza podría rodar por eso.
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Lituania
Ficción históricaDespues de una cruel guerra, Lituania Lutenberg será obligada a casarse con un hombre que odia, por ello decide emprender un viaje para buscar su libertad.
