« Usually, I'm all by myself. »
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El viejo árbol seguía ahí, como siempre, resistiendo al paso del tiempo. Sus ramas crujían con el viento, y yo, una vez más, subía las escaleras desgastadas de la casa como si mis pies me llevaran solos.
Al empujar la trampilla y entrar, sentí el aroma familiar a madera vieja y polvo. Todo estaba exactamente igual que la última vez. La casa del árbol era uno de los pocos lugares que no cambiaban, que no se desmoronaban como el resto de mi vida y pensamientos.
Suspiré y me dejé caer en el suelo, con las piernas cruzadas y la cabeza apoyada en la pared. Todo estaba demasiado silencioso, y yo me sentía cansada.
Era un cansancio extraño. No físico, sino de esos que se te quedan pegados en el pecho y no se van, como un peso constante que ni siquiera puedes explicar. Había estado sintiéndome así desde hacía tiempo, como si estuviera cada vez más desconectada de todo. Mi familia ya no se sentía como mi familia. Incluso mi propio hermano y mi madre parecían más lejanos. Antes hablábamos más, nos contábamos cosas sin pensar demasiado en ello. Ahora, cuando intentaba acercarme a cualquiera de los dos, había algo entre nosotros, una barrera invisible que no sabía cómo derribar.
Mi padre… Bueno, lo de mi padre era otra historia. Una herida abierta que nunca terminaba de cerrarse.
Me froté la cara con las manos, frustrada. Odiaba pensar en esto. Odiaba sentirme así. Quería llorar pero ni siquiera podía hacerlo.
El crujido de la trampilla al abrirse me sacó de mis pensamientos.
—¿Otra vez aquí?
Era Sal.
Levanté la vista y lo vi asomarse por la entrada, con su cabello azul despeinado y la máscara cubriendo su rostro, como siempre. Llevaba su sudadera y las manos en los bolsillos, mirándome con una mezcla de curiosidad y preocupación.
—Sí —contesté simplemente, volviendo la mirada al suelo.
Entró y se sentó a mi lado, sin preguntar nada más. Así era él: no necesitaba que le explicara lo que pasaba, no intentaba forzarme a hablar. Solo estaba ahí. Y, de alguna forma, eso lo hacía más fácil.
Pasaron unos minutos en silencio. Afuera, el viento seguía moviendo las ramas.
—¿Quieres hablar de ello? —preguntó finalmente, con voz tranquila.
Negué con la cabeza, pero después de un segundo, suspiré.
—Es solo que… no sé. Últimamente siento que no encajo ni en mi propia casa. Como si todo el mundo siguiera adelante y yo me hubiera quedado atrapada aquí.
Sal asintió lentamente.
—Te entiendo.
Y lo decía en serio. No era solo una frase vacía para hacerme sentir mejor. Lo bueno de Sal era que realmente entendía lo que significaba sentirse así, aunque sus razones fueran diferentes a las mías.
Me abracé las piernas y apoyé la barbilla en las rodillas.
— Larry y yo solíamos estar más unidos. Antes hablábamos de cualquier cosa, tonterías, lo que fuera. Pero ahora es imposible, y sé que es culpa mía.
Sal miró hacia el techo de la casa del árbol, pensativo.
—A veces las personas cambian sin que nos demos cuenta. Y no siempre es culpa de nadie. Solo… pasa.
—¿Pero entonces qué se supone que haga? ¿Simplemente dejarlo así?
Sal se encogió de hombros.
—No. Pero tampoco puedes forzarlo. Solo sigue ahí para él. Quizá él también esté sintiendo lo mismo y no sepa cómo decirlo.
Me quedé en silencio, procesando sus palabras. Tal vez tenía razón. Tal vez él también estaba sintiendo esa distancia, pero la diferencia es que él trataba de arreglarlo.
Yo, en cambio... me encerraba en mí misma, como siempre.
—A veces siento que todo lo que intento acaba saliendo mal —admití en voz baja, y Sal me miró de reojo.
— ¿Qué? Eso no es verdad.
—¿No?
—No. Estás aquí, hablando conmigo. Y no parece que eso esté saliendo mal. ¿Antes hubieras hecho esto?
Lo miré y, por primera vez en todo el día, esbocé una pequeña sonrisa. No era mucho, pero era algo.
Sal sonrió también, o al menos eso me imaginé. Con la máscara era difícil saberlo, pero algo en su tono de voz lo delataba.
Nos quedamos ahí un rato más, en silencio, compartiendo el mismo espacio sin necesidad de llenarlo con palabras.
De repente, me di cuenta de lo cerca que estábamos. Su hombro rozaba levemente el mío. Tragué saliva y aparté la mirada rápidamente, sintiendo un calor extraño en el pecho.
No era la primera vez que me encontraba a solas con él, pero por alguna razón, esta vez se sentía diferente.
No entendía por qué.
Sacudí la cabeza, intentando alejar esos pensamientos. No tenía sentido.
Sal suspiró y se recostó contra la pared, cerrando los ojos por un momento.
—Si sirve de algo… me gusta estar aquí contigo.
Su comentario me tomó por sorpresa, y no fui capaz de ocultarla.
—¿Eh?
—Es tranquilo. Contigo no tengo que fingir que todo está bien cuando no lo está.
Sentí un nudo en la garganta.
—Yo... yo también —dije antes de darme cuenta de lo que estaba admitiendo.
Sal giró ligeramente la cabeza hacia mí, como si esperara que continuara, pero no lo hice. No podía.
Solo supe que, por alguna razón, estar con él hacía que el peso en mi pecho se sintiera un poco menos pesado.
Y aunque todavía no entendiera qué significaba eso, no me molesté en cuestionarlo.
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N/A
Vuelvo con la intención de terminar esta historia y reescribir Bittersweet. Después de esto puede que desaparezca otra vez. O no, no lo sé.
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𝙏𝙍𝙀𝙀𝙃𝙊𝙐𝙎𝙀 || 𝙎𝙖𝙡 𝙁𝙞𝙨𝙝𝙚𝙧
Fanfiction« 'No entrar' está escrito en la entrada. ¿Por qué no pueden todos simplemente irse? » ─── ❖ ── ✦ ── ❖ ─── T/N Johnson, hermana de Larry, es una chica no muy sociable. Desde la desaparición de su padre estuvo bastante distante de la gente, incluyend...
