Capítulo 1

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Era temprano en la mañana y las princesas se habían despertado para hacer la prueba de un nuevo vestido.

Subidas a un escalón de madera, las doncellas de compañía arreglaban los últimos detalles.

La menor movía su pierna y bufaba varias veces, impaciente por salir de ese infierno.

- ¿Ya está?- preguntó.

- Ya casi, princesa. Falta lo último y ya estamos.

- Heraena, quédate quieta, por favor- mencionó su madre sentada en un sillón.

La puerta del lugar se abrió y el rey se aproximó a la sala para ver a su esposa e hijas.

- Wow. Qué hermosas se ven mis hijas.

Heraena rió, pero su hermana sólo se limitó a mirar a un costado.

- Buenos días, querida- besó su frente.

- Buenos días, esposo- acarició su brazo- ¿Hacia dónde te diriges?

- Voy a ir al patio de entrenamiento, los muchachos tienen práctica hoy.

- Uh. ¿Puedo ir, puedo ir?- dijo la menor dando saltos.

- No. Tienes que terminar la prueba- reprochó su madre.

- Deja que venga, puede terminar con eso después- dijo el rey.

- Ya hemos terminado, su majestad- mencionó una de las sirvientas.

- Está bien- suspiró- puedes ir.

La princesa aplaudió y se bajó del escalón apresurada hacia el campo.

- Pero, Heraena, cámbiate. No vayas con ese vestido.

Fue lo último que dijo la reina, pero la princesa no tendría tiempo para eso y corrió por los pasillos ignorando también, los saludos de los nobles.

Ver a sus hermanos entrenar, era su pasatiempo favorito, ya que podría burlarse y alentarlos al mismo tiempo. Una perfecta combinación.

Los días pasaban y la rutina de doncella no era de su agrado. La aburrían demasiado, en cambio, las tareas recreativas de sus hermanos, le llamaban mucho la atención.

Al llegar al balcón que tenía una vista panorámica del lugar, unos sirvientes le trajeron una silla y la posicionaron al lado de la del rey, quien llegaría unos minutos después.

Abajo, los hermanos se encontraban ajustando sus trajes de protección y seleccionando las espadas que usarían.

La princesa se acercó al muro, recostando sus brazos en él para observar mejor.

Sir Criston, al notar su presencia, hizo una reverencia, captando la atención también de sus hermanos quienes al verla, sonrieron al unisoro y más porque la joven les había sacado la lengua como forma de saludo.

Los hermanos cambiaron su postura y acomodaron con más entusiasmo sus ropajes y espadas, puesto que su hermana era una persona bastante crítica y molesta si de perfección se trata. Es por eso que todo el tiempo buscaban impresionarla y no sólo eso, buscaban todo el tiempo su aprobación en todo.

- ¡Espero que esta vez no te resbales, Aemond!

- ¡No lo haré!- contestó el menor.

El rey llegó y se sentó para admirar la práctica.

Primero empezaron con movimientos en el aire y luego los aplicaron a los muñecos de paja.

- Vamos, Aegon. Hasta yo puedo hacer mejor que eso- pronunció la princesa.

𝐋𝐚 𝐏𝐫𝐢𝐧𝐜𝐞𝐬𝐚 𝐑𝐞𝐛𝐞𝐥𝐝𝐞  [ Aemond y Aegon]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora