Te han ordenado a matarlo, ¿pero lo podrás hacer? ¿Pondrás todo por lo que has trabajado en la línea por el?
Únete a la historia de dos amantes desafortunados que buscan encontrar sentido en un mundo donde solo yace la muerte.
18+
Mundo Alternativo...
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Corriste hacia la ventana, pero él ya no estaba. Miraste hacia abajo y no viste un cadáver, gracias a Dios. Eren se estaba acercando a ti y necesitabas actuar lo más normal posible. En serio, habría sido bien molesto tratar de justificar tus acciones de hace unos momentos. Fueron imprudentes, por decir lo menos, y no tenías ganas de que Eren te diera una conferencia.
"T/n," Eren irrumpió por la puerta y corrió hacia ti, "Mierda, estás bien. Respóndeme cuando te hable por el micrófono." Te rodeó con sus brazos y te apretó con fuerza.
"¿Y tú? ¿Estás bien? ¿Qué pasó ahí fuera?"
"Estoy bien. Supongo que irrumpieron con la esperanza de robar. No esperaban que el presidente y sus guardias estuvieran aquí. Todo está bien ahora, han sido detenidos para interrogarlos. Nadie murió."
"Bueno, eso es un alivio."
"Sí. Mira, deberíamos irnos, ¿no crees? Ha sido una noche larga y ambos necesitamos descansar." Con eso, dejaste las instalaciones junto a Eren y él te dejó en tu apartamento. No te quedaba energía, ya te estabas quedando dormida en el auto, así que te quitaste el vestido y te fuiste directamente a dormir. Te dejaste hundir en la calidez de tu cama, dejando que tu mejilla descansara sobre tu mullida almohada. Luego, deslizaste tu mano hasta tu mejilla, tocándola de la misma manera que ese tipo lo había hecho antes. Tenías una buena idea de quién era en realidad, pero todavía no querías admitirlo.
Al día siguiente te despertaste, de mejor humor que de costumbre. Te levantaste y te preparaste para otro día de trabajo y luego te dirigiste al baño. Casi empezaste a llorar. No. No. No. No. Esto no puede estar pasando. Esto no puede estar pasando, ¿esta estúpido? Ese hijo de su puta madre lo hizo a propósito, ¿no? ¿Que voy a hacer ahora? No puedo ir a trabajar así. Solo será un infierno viviente. Había un chupetón prominente en tu cuello, sin duda causado por el chico rubio de ayer.
Te pusiste una bufanda y te cambiaste el uniforme. Te decidiste por un jersey con falda midi, así la bufanda no desentonaría. Fuiste lo suficientemente inteligente, podrías encontrar una excusa para tu atuendo más tarde. Pensaste en usar maquillaje para cubrirlo, pero te acordaste que el cuello del uniforme de trabajo era blanco y capaci que se quitaba el maquillaje en blusa. No había forma de que pudieras ir a trabajar con ese maldito chupetón en el cuello sin algún tipo de cubierta.
Terminaste conduciendo al trabajo con tu falda midi, tu suéter de gran tamaño y tu bufanda. Estaba fuera de lugar para ti, muy fuera de lugar, pero tenías que hacer lo que tenías que hacer. Entrar en la oficina se sintió como el infierno. Estabas recibiendo miradas extrañas de gente que normalmente te ignoraba, entonces fue cuando viste a Pieck. Ella te miró y sus ojos se abrieron, dándose cuenta de que eras tú. De repente, tiró de ti por la muñeca y te llevó al baño más cercano y cerró la puerta con llave, asegurándose de que nadie más las viera.