"Vamos, señora Midoriya. Solo un último esfuerzo"
La voz del doctor resonaba en la sala de partos. Era baja, mecánica, como si la repitiera por rutina, sin verdadera emoción. Las luces blancas iluminaban cada rincón, haciendo que la habitación pareciera más una sala de disección que un lugar para recibir a un nuevo ser. Los instrumentos quirúrgicos relucían sobre las bandejas metálicas.
Inko Midoriya jadeaba, con el rostro lleno de sudor y los ojos enrojecidos. Sus manos apretaban las esquinas de la camilla con una fuerza abrumadora.
"¡Aghh...!" El grito ahogado de la mujer resonó en el aire, cortando, por un momento, la respiración de los presentes.
El doctor Nakamura alzó las manos, atento. La enfermera a su lado tenía las pinzas listas.
Finalmente, tras un esfuerzo final, el bebé salió sin mayores problemas, cubierto de fluidos, la piel arrugada y el cuerpo tibio.
"Es un niño" anunció el doctor, con la voz un poco agitada, por aquellas horas de trabajo. Levantó al recién nacido, lo sostuvo en alto unos segundos, y la enfermera se apresuró a tomarlo, envolviéndolo en una manta blanca con cuidado.
Inko, agotada, intentó levantar los brazos, para poder tener en sus brazos a su hijo, pero el médico la detuvo con una leve presión en el hombro.
"Señora Midoriya, necesitamos realizar los exámenes de rutina. Usted debe descansar"
Inko asintió débilmente, la vista nublada por las lágrimas. Apenas alcanzó a murmurar:
"Mi bebé..."
Pero ya se lo habían llevado.
La sala de neonatología era aséptica, iluminada con luces cálidas. El ambiente tenía el olor característico de cualquier lugar del hospital: desinfectante, metal y látex.
Los médicos colocaron al recién nacido sobre una camilla de acero inoxidable. Lo revisaron en silencio, tomando ligeras pausas para evitar que el bebe llorara.
Temperatura: 36.4°C.
Frecuencia cardíaca: 124 latidos por minuto.
Respiración: superficial, irregular.
Reflejos: débiles.
El bebé por un momento, apenas un gemido breve, y luego se quedó en silencio.
"Su tono muscular es bajo" comentó el doctor, anotando en la ficha.
La enfermera tomó una muestra de sangre. Midió la circunferencia craneal, la longitud de los brazos y piernas. Todo parecía... casi normal. Pero había algo. Algo que no cuadraba.
Sus ojos no enfocaban nada. No seguía luces. No lloraba, ni se agitaba como otros recién nacidos. Solo estaba allí, respirando.
Una doctora intentó estimularle los reflejos: un leve toque en la planta del pie, un golpecito en la rodilla. Nada. Solo un pequeño temblor.
"¿Falla neurológica?" murmuró uno de los médicos, mirando las gráficas.
Siguieron las pruebas. Electrodos. Monitores. Rayos X.
El bebé no reaccionaba. Su cuerpo estaba... apagado.
Y luego, sin previo aviso, la frecuencia cardíaca bajó.
El pitido se hizo agudo.
"¡Paro respiratorio!"
Actuaron de inmediato. Maniobras de reanimación. Oxígeno. Maniobras de presión sobre el pequeño pecho.
Pero no respondió.
La línea del monitor se volvió recta. Un pitido continuo llenó la sala y luego...
Silencio.
El bebé estaba muerto.
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Solo Izuku
FanfictionUn bebé había muerto el mismo día de su nacimiento, pero su quirk de nacimiento emitía una extraña y muy poderosa energía que impedía que su cuerpo dejara completamente este mundo. La gema incrustada en su ombligo se desprendió del organismo y, como...
