Un bebé había muerto el mismo día de su nacimiento, pero su quirk de nacimiento emitía una extraña y muy poderosa energía que impedía que su cuerpo dejara completamente este mundo. La gema incrustada en su ombligo se desprendió del organismo y, como...
Habían pasado cuatro años desde que Izuku fue dado de alta en el hospital. Cuatro años desde que Inko lo sostuvo por primera vez entre sus brazos sin comprender del todo qué era aquello que llamaba su hijo. Ahora, con su pequeño uniforme amarillo, Izuku asistio a la guardería. Y como siempre, se sento solo en una esquina del patio, mirando a los demás.
Observaba todo: los juegos, los gestos, las peleas infantiles. A veces seguía con la mirada a los niños que corrían, analizaba cómo se reían, cómo caían, cómo se empujaban o cómo reaccionaban cuando alguien lloraba. No parecía sentirse parte de eso. No intervenía, no se acercaba, ni siquiera cuando una pelota rebotaba cerca. Alguien mas tenía que ir a buscarla.
Fue entonces que Katsuki Bakugo lo vio. Estaba con otros niños, jugando con una pelota desinflada, pero su mirada se desvió hacia el rincón.
"Oye, tú" dijo el niño de cabello cenizo, acercándose. "El que parece hecho de plastilina verde. ¿Quieres venir a jugar con nosotros?"
Izuku levantó la mirada. No respondió, qué esperaba.
"No me mires así. No soy tonto" añadió Katsuki, cruzado de brazos. "Ya te vi el otro día. Cuando esa torre de bloques se cayó y salvaste al llorón de Teru antes de que se golpeara la cabeza"
Era cierto. Nadie le había prestado atención a ese gesto. Solo un movimiento rápido. Y luego Izuku volvió a su lugar.
"Ninguno de estos mocosos pudo mover ni un dedo. Pero tú... Eres el único que vale la pena mantener a mi lado" Katsuki sonrió, confiado. "Eres fuerte, me gusta eso"
"Vamos. No seas aburrido. Yo soy Bakugo Katsuki. Si te unes a mi equipo, vamos a arrasar, ¿Si? "
Izuku asintió con la cabeza.
"Así que no eres de muchas palabras, ¿Eh? Bueno, me las puedo arreglar. Ahora. ¡Vamos a patear traseros!"
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El partido se organizó en el patio de atrás. Algunos niños improvisaron porterías con mochilas. Había poco orden, y una pelota medio inflada que apenas rodaba recto. El equipo contrario eran los de la otra sala, un grupo sutilmente mayor, pero sobre todo mas ruidosos.
"Vamos, tú ve al frente. Quédate cerca de la portería" ordenó Katsuki mientras corría. "Si te digo que patees, patea. Si te digo que corras, corres. ¿Entendido?"
Izuku volvió a asentir.
Durante los primeros minutos, fue un desastre. El otro equipo marcó tres goles sin esfuerzo. Izuku trotaba detrás del balón como si no entendiera qué debía hacer. No corría con intención, no hacía nada realmente... hasta que Katsuki empezó a gritar.
"¡Grennie, por la izquierda! ¡Corre! ¡Ahora! ¡Pásala!"
Y entonces ocurrió. Izuku por fin comenzó a ser de utilidad.
"¡Dámela!"
Izuku lo hizo, con un pase limpio, que quedó justo a los pies de Katsuki. El niño pateó sin dudar y el balón se clavó en la esquina inferior del arco.
"¡Así se hace!" gritó Katsuki.
En ese momento, los de la otra sala comenzaron a hacer trampa. Un niño estiró los dedos como látigos para interceptar un pase. Otro infló sus mejillas y sopló una ráfaga que desvió la pelota. Uno incluso se lanzó de impulsado por un quirk de rebote.
"¡Ugh, malditos tramposos! ¡Pero no importa! ¡Grennie, esquiva al de los dedos! ¡Pásala a la derecha! ¡Corre por el borde! ¡Tira cuando te diga!"
Izuku a pesar de todas las dificultades, estuvo a la altura de las espectativas. En una última jugada, pudo pasar a todos los defensas incluso cuando usaban sus quirks.
"¡Ahora, golpéala hacia atrás, alto!"
Izuku ejecutó la orden con una técnica imposible para un niño normal: su pierna se estiró más allá, controlando el balón con un equilibrio absurdo. El disparo fue una curva ascendente que rebotó en el suelo y cayó justo frente a Katsuki, quien no perdió tiempo en anotar el segundo gol.
"¡VAMOS!" gritó el rubio— "¡Esa fue perfecta! ¡AHH!"
Y así siguieron. Katsuki gritaba y lideraba, e Izuku respondía sin importar la dificultad. En el tercer gol: Izuku esquivó a dos jugadores, un simple pase fue mas que suficiente para acabar con todo esto, la formación del equipo contrario ya se había rotó por completo.
Cuatro a tres. El equipo de Katsuki ganó.
Todos estaban cansados, jadeando. Izuku pues existía. Katsuki lo miró, h entre jadeos le dijo.
"Te dije que éramos imparables" dijo, con una sonrisa victoriosa, con sus dos manos agarrando sus rodillas.
En ese momento, pequeñas mariposas del mismo color que su gema revolotearon en el aire. Algunas se posaron sobre su cuerpo. Intento tocarlas, pero todo desapareció
"¿Y eso?" preguntó el rubio, confundido. Al Izuku haber extendido su mano. "¡Ah! Ya entiendo"
Katsuki le dio un apretón de manos, comentando: "Desde ahora somos amigos" Con una sonrisa puntiaguda.