Ecos de sombras.

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Central Park
Habitación

"¿Por qué lo hiciste, Tweek?"

La voz resonaba en el aire como un susurro melancólico, una presencia intangible que parecía impregnar cada rincón del espacio vacío donde Tweek se encontraba. Sentado en el suelo, con la cabeza agachada y los brazos rodeando sus piernas, el chico de cabello rubio se veía frágil, como si todo peso del mundo descansara sobre sus hombros.

"¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué, por qué, por qué?"

El tono cambió abruptamente, creciendo en intensidad, como un trueno que precede a una tormenta. La voz, cargada de rabia contenida, lo envolvía, dejándolo sin escape.

-Yo... no lo sé... -balbuceó Tweek, apenas audible, mientras sus dedos temblaban contra la tela de su traje.

"Abre los ojos, Tweek. Tú no perteneces aquí. Tú no perteneces a ningún lugar. Eres un estorbo que solo actúa por conveniencia. Despierta, Tweek."

El aire alrededor de él parecía enfriarse con cada palabra. Tweek, con los dientes apretados, trató de resistirse a las palabras que se filtraban en su mente como un veneno. Pero, en lugar de disiparse, las sombras parecían ganar forma.

Con movimientos lentos, levantó la cabeza. Sus ojos eran dos pozos vacíos, blancos y sin vida, y en su rostro, una cicatriz fresca atravesaba su ojo derecho, de donde emanaba un hilo de sangre que serpenteaba por su mejilla.

-Esto no... esto no es real... -musitó, aunque su voz sonaba débil, desprovista de convicción.

La figura ante él levantó una mano, de la cual comenzaron a caer pequeños copos de nieve. Su danza delicada contrastaba con la tensión que llenaba la escena. Los copos se unieron, formando una figura alargada y filosa: un pica hielos.

"Nunca podrás librarte de mí, Tweek. Recuerda eso."

El arma fue lanzada con una precisión mortal, surcando el aire con un sonido agudo.

El arma fue lanzada con una precisión mortal, surcando el aire con un sonido agudo

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-¡Agh, no, yo no lo hice!

Tweek despertó de golpe, su grito quebrando el silencio de la habitación. Estaba sentado en la litera superior, empapado en sudor frío. Su respiración era errática, como si acabara de correr una maratón, y sus manos temblaban incontrolablemente.

Parpadeó, tratando de orientarse. La oscuridad de la habitación apenas era interrumpida por un tenue resplandor que provenía de un reloj colgado en la pared frente a él.

4:30 AM

El número brillaba en un rojo intenso, casi burlón. Algo en su mente se crispó al ver el reloj. ¿Desde cuándo estaba ahí? Sacudió la cabeza, tratando de despejar los ecos de la pesadilla.

Internado | South parkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora