No eran aun las 8 de la mañana cuando Ariadna ya se disponía a desayunar. Pese a las bombas químicas que ingería cada noche, nunca había tenido problemas para madrugar e incluso era habitual en ella el levantarse antes de la hora pautada para llevar a cabo sus actividades. Tomó su medicación matutina (Un antipsicótico con efectos estimulantes y un antidepresivo), se calentó su vaso de leche con cereales y se puso sus tostadas con aceite al igual que hacía cada mañana. El fin de semana en la UPR le había vuelto a estabilizar, recuperando su habitual funcionalidad que le hacía pasar por una chica casi normal.
De lo sucedido la noche anterior, sencillamente no recordaba nada.
- Buenos días tata- Comentó afectiva en cuanto vió entrar a su hermana por la puerta- ¡Menudas ojeras!
Raquel no tardó en percatarse de que su hermana pequeña había olvidado todo lo acontecido. Le extrañó. Si bien era cierto que había sido parcialmente sedada para evitar a tiempo un nuevo brote ante lo que había vivido, no era habitual que su hermana olvidara cualquier cosa que le sucediera por muy traumático que fuera.
- ¿Qué tal has dormido, Ari?- Le preguntó Raquel mientras le daba un fraternal beso en la mejilla. - Yo no he pegado ojo
- ¿Y eso? Si duermes como las morsas...
- Mi cabecita... que va más rápida que mi capacidad para conciliar el sueño- Respondió resignada Raquel.
Ariadna termino de desayunar, cogió su macuto, se abrigó y salió hacia el servicio de rehabilitación comunitaria donde participaba en distintos talleres y programas destinados a enfermos mentales como ella.
- Volveré sobre las dos, tata. Tengo taller cognitivo y ya sabes que suele alargarse. - Contestó justo antes de abrir la puerta de la calle.
- Si no estoy en casa te dejaré la comida preparada, tú tranquila.
Raquel también puso rumbo aquella mañana a sus quehaceres diarios con prontitud. No quería permanecer ni un solo minuto encerrada en sus pensamientos, por lo que ocupó toda la mañana en su agenda rápidamente. Primero se pasaría por Norte Express donde aprovecharía el tiempo escribiendo su monótona columna diaria y sondearía la opinión de Eduardo acerca de lo que ya le había adelantado por email sobre el reportaje de Guillermo Osinaga. Después se acercaría a la editorial para valorar con Crespo algunas ideas que empezaban a surcar por su mente de cara a una nueva novela y finalmente volvería a casa para preparar la comida y centrarse de una vez por todas en el dichoso reportaje.
Había pensado en visitar al Doctor Luengo a media tarde. No se iba a andar con chiquitas. Iba a contarle lo sucedido la noche anterior; que sabía que su intromisión en aquel caso algo había tenido que ver, que casi podía demostrar que él estaba metido hasta la sien en lo que fuera todo aquello que estaba pasando y que de ahí las amenazas a su hermana, que conocía personalmente a Guillermo Osinaga... pero Raquel no era tonta y era consciente de que necesitaba alguna bala mucho más certera para disparar. Algo que le dejara noquedo, fuera de juego... y que le diera a ella la suficiente fuerza para convencerse de que merecía la pena meter las narices en aquel asunto.
Con la flexibilidad que le permitía sus nuevas condiciones laborales, Raquel llegó a la redacción cuando sólo faltaban unos pocos minutos para las diez de la mañana. El resto del equipo llevaba ya una hora larga funcionando y no veía con buenos ojos que otros compañeros llegaran a la hora que les pareciera oportuna. Siempre había sucedido con uno u otro... pero eso no significaba que fuera plato de buen gusto para el grueso de periodistas que cumplía escrupulosamente con sus horarios y obligaciones.
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Nubes de gominola
Mystery / ThrillerLa locura puede ser la forma más sana de entender una realidad enferma.
