2

1.2K 89 18
                                        

Desde pequeña recordás que siempre tu mayor ilusión era crecer, encontrar a un hombre que te amara y poder formar una gran familia.

Pero..

¿Cómo le explicás a esa niña que sus sueños nunca se cumplirán?

Con el paso de los meses, empezaste a notar algo raro. Aunque compartías intimidad con tu esposo, tu vientre no crecía. No sentías indicios de vida.

Y lo peor era que, en tu pueblo, las mujeres que no podían tener hijos eran consideradas malditas.

No importaba si eras amable, inteligente o una buena esposa.

Si tu vientre era incapaz de concebir, entonces tu alma también lo era.

Decían que existía una antigua leyenda:

"La mujer que no da vida... atrae a la muerte."

Y así fue como te convertiste en un presagio.
Una vergüenza.
Un castigo divino.

Las palabras de tu madre seguían doliéndote como el primer día:

"Fracasaste como mujer."

Pero no fue solo ella. Todo el pueblo pensaba igual. Y ni hablar de la familia de tu esposo, que no dudaba en escupirte o maldecirte si te veían pasar.

Bueno... exesposo.
Pensar en él te deprimia todavía más.
Creíste que iba a entenderte, que se quedaría a tu lado y dejaría los juicios atrás.
Estabas equivocada.

Te dejó en cuanto supo que no tendrías herederos.
Y quizás te habría dolido menos si no te hubiese engañado antes... con una concubina.
La verdad era simple: nunca te amó.
Todas sus promesas cayeron al vacío... igual que tu felicidad.

Han pasado meses desde que te enviaron a esta cabaña en medio del bosque junto a tus cosas.
Por suerte, hay una aldea no tan lejos, y conseguiste un trabajo allí.
Ojalá pudieras ahorrar lo suficiente para comprar una casa para mudarte para alla pero con lo que ganás...
Por ahora, es esto o la calle.

De vez en cuando, los cazadores que pasan por aquí te advierten que es peligroso vivir sola en el bosque. Que podrías ser una victima fácil.
Les contás tu situación, pero nadie te da soluciones. Solo se van.

Y vos te preguntás:
¿A quién le importaría si muero?
No tenés a nadie.
Estás sola.
Nadie lo notaría.

A veces pensás que sería mejor.
Morir.
Que alguien termine con este dolor que se te enrosca en el pecho y no te deja dormir.

Estás tendida en la cama, con la mirada clavada en el techo, sin ánimos.
Con mucho esfuerzo, te sentás y mirás por la ventana.
El sol ya se está ocultando.

Suspirás y vas hacia la cocina.
Abrís un frasquito... y te das cuenta de algo inquietante.

—Por dios... Se me acabaron las flores de manzanilla —suspirás frustrada, como si fuera lo último que te faltaba.
No podés dormir sin tu té.
Era lo único que te calmaba. Lo único que te daba un poco de paz para cerrar los ojos aunque sea un rato.

Suspirás con ansiedad.

¿Qué vas a hacer?
Ya está oscureciendo.

—A la mierda... —decís, cerrando el frasco vacío—. Como si me importara si muero.

Te ponés un gran saco con capucha que te cubre todo. Lo último que querés es resfriarte, hacía algo de frío allá afuera.
Aunque dudás un poco en salir, al final lo hacés.

Caminás por el bosque con la canasta colgada del brazo, buscando entre los arbustos la pequeña planta que tanto necesitás.

—Por favor... solo una ramita de manzanilla —murmurás, apartando con cuidado las hojas de un arbusto. Tu pecho todavía arde de ansiedad, y sabés que sin ese té no vas a poder dormir.

◤𝒱𝒾𝓈𝒾𝓉𝒶𝓈 𝒩ℴ𝒸𝓉𝓊𝓇𝓃𝒶𝓈 𝒜𝓀𝒶𝓏𝒶 𝓍 ℒℯ𝒸𝓉ℴ𝓇𝒶♡¸.•*Donde viven las historias. Descúbrelo ahora