Julián se siente solo.
No, mejor tachen eso. Julián está solo.
Si su trabajo como profesor de física no era lo suficientemente solitario y aburrido, el hecho de que su novio desaparezca cada dos por tres solo empeora la situación.
Él conoció a Erling cuando ambos estaban en el primer año de universidad; sus clases de Biofísica coincidían y lo que primero fue un cordobés enseñándole a un noruego como habitar Capital Federal, gradualmente se convirtió en una escena cliché de comedia romántica donde la situación descabellada desembocaba en una relación amorosa soñada.
Porque sí, su noviazgo con el rubio es soñado ante sus ojos. El noruego es alguien que se enamora fuerte, desde el momento en que fueron a visitar el Jardín Japonés esa tarde de domingo y le preguntó si podían ser más que amigos, nunca más se despegó de su lado.
Erling ama a Julián, y Julián ama a Erling; pero eso no quita que de igual manera se sintiera como si su relación estuviera pasando por una crisis.
Se conocen hace siete años y conviven hace cuatro, y desde que el noruego se recibió de médico se la pasa yendo a congresos por su post-grado, eso compartido con su trabajo. Y Julián, con sus horarios de profesor universitario acotados y sus clases particulares, se la pasa la mayor parte del tiempo solo.
Sí salen con Erling a comer afuera y tienen amigos con los que se suelen reunir, pero eso no quita que en su hogar -el departamento que ellos comparten y donde construyeron gran parte de sus memorias como pareja- la mayor parte del tiempo que pasan juntos es o garchando, o mirando fútbol, o concentrados en sus computadoras explotadas de trabajo.
Y eso lleva a la situación en la que Julián se encuentra ahora, gimiendo de una manera que hace que el hombre que tiene arriba suyo lo penetre con más velocidad.
Erling se fue a La Plata por una semana, diciéndole a Julián que volvía "en algún momento" del fin de semana. Y si bien él sonrió y lo despidió con un beso largo y apasionado en la puerta del edificio, no va a negar que en cuanto cerró la puerta de su departamento se quedó apoyado sobre ella por un momento suspirando cansado y mirando un punto ciego en el piso.
Esa misma noche, mientras bajaba a una rotisería para buscar algo de cenar, se cruzó en el ascensor con uno de los nuevos vecinos del edificio.
Rúben es un tipo muy agradable ante sus ojos; también europeo, lo conocieron el día que se estaba mudando y les contó que había llegado a la ciudad porque lo llamaron de una empresa del país para trabajar dado su título, y se mudó acá porque le queda cerca de su trabajo. También le comentó a Julián que había estudiado en Córdoba, y eso hizo brillar los ojos negros del argentino como dos brasas en la noche dado que eso significaba que podían hablar horas sobre la provincia e intercambiar lugares y anécdotas.
Y eso último fue en realidad la frutilla de la torta, porque Julián no puede ignorar el hecho de que el portugués le viene tirando los perros prácticamente desde que lo conoció. Sabe que Erling no lo puede ver por ese motivo; y aunque sabe que está mal, de igual manera no puede no sentirse atraído por la idea de poner celoso a su novio con el fin de ver si puede sacarle una reacción.
"Buenas noches, Juli. ¿Cómo estás?", le dice Rúben con esa voz gruesa que suele ponerle solo a él, su acento portugués marcado a la perfección.
"¡Buenas!. Bien, acá yendo a ver que me compró para comer", y apunta a su billetera.
"¿Tu novio viajó de vuelta?", y el tono de interés mezclado con algo de indignación no pasó desapercibido ante los oídos del argentino.
"Sí, dice que es un congreso importante pero de todas manera lo veo en unos días así que no me preocupo"
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Karma {JULIÁN ÁLVAREZ CENTRIC}
FanfictionLa soledad siempre está ahí, aunque estemos con otros.
