El Carnaval del Maíz

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Globgor lamía las clavículas de Eclipsa con su lengua bífida, debajo de él, ella aún seguía dormida y soltaba carcajadas combinadas con suspiros y gemidos. El monstruo también dormía, pocas veces había alguien a su alrededor para notar su sonambulismo, pero Eclipsa se lo había comentado varias veces en las noches que la acompañaba a dormir y le relataba historias oscuras y divertidas acerca de los monstruos.

Cuando amanecía, él solía irse de la misma forma en la que entraba, se minimizaba y pasaba por un minúsculo agujero que eclipsa había hecho en el campo de magia, lo suficientemente grande para que él pasara en su forma pequeña pero lo suficientemente pequeño para que fuera indetectable para los guardias.

La noche anterior, Globgor se había resuelto a relatar cómo fue la historia de la separación de las lagartijas del resto de los monstruos, le habló del porqué tuvo que asesinar a su padre, a diferencia de él, su padre no era un colosal, esa era su madre, su padre era un Glob, un monstruo devorador de mundos con un abismo sin fin en el interior, había propuesto a las lagartijas hacer un asedio al castillo Butterfly, devorar a cada mewmano y luego encargarse de los reinos independientes uno por uno. Cuando la madre de Globgor se opuso a eso, su padre la devoró y a Globgor no le quedó más opción que destruir a su padre lanzándolo a un portal devorador de masa cósmica, vio a su padre desintegrarse y luego condenó la puerta del templo de monstruos que tenía el portal.

Le contó a Eclipsa que no había disfrutado el hacerlo, pero que no podía permitir una masacre multigeneracional por los caprichos de un Glob, luego de confesar su crimen, les dio opciones a las lagartijas, él conocía bien las intenciones de muchos monstruos, muchos no podían regenerar partes de su cuerpo, eran mortales, así que no les interesaba la guerra, sin importar qué tan afilados fueran sus dientes, qué tan grandes fueran o qué tanto potencial tuvieran en combate, no les interesaba si podían morir. Por su parte, las lagartijas se podían regenerar, así que no les importaban las heridas, pero eso no significaba que no pudieran sentir dolor; por eso eran las herramientas predilectas de su padre en los ejércitos.

Globgor no odiaba a su padre, de hecho, lo amó, fue idolatrado por él en su infancia, también entrenado por él, Globgor era un guerrero y uno poderoso, pero le gustaba más el aspecto cultural del mundo de los monstruos, durante trescientos años había visto el desplazamiento que habían sufrido por parte de los mewmanos, pero aún así el pueblo de los monstruos era autosuficiente.

Por milenios fueron amigos de los Lucitor, Miss Graciela, que era el nombre que recibían todas las niñas descendientes de Lucitor eran enormes demonios rojos con lo que Globgor disfrutaba en particular pasar las noches de las Fiestas de Cratima. Cuando Eclipsa preguntó qué eran las Fiestas de Cratima, él no supo como responder sin tener que derribar los miles de filtros morales que hubieran sido inculcados en ella desde la infancia, así que le prometió que la llevaría a una durante la luna del Carnaval del Maíz.

Cuando finalmente Eclipsa cedió ante los suaves lametones de Globgor, el monstruo ya estaba lamiendo su esternón. Ella soltó un quejido ronco y lo tomó por los cuernos que sobresalían de su cabeza, él ahora estaba del tamaño promedio que la superaba en altura varios centímetros, pero no lo hacían colosal.

- ¡Globgor! – la voz de Eclipsa sonaba adormecida – Detente, me haces cosquillas.

- Estas, más deliciosa hoy que en todo el mes – él seguía dormido y musitaba apenas las palabras -, quiero tenerte Eclipsa. ¿Puedo tenerte?

- ¡Globgor! – ella le echó un brazo por encima, el tacto de su lengua siempre le parecía agradable, pero ahora él iba bajando su camisón, lo que le sacó un sobresalto a la princesa - ¡DESPIERTA!

Un Eclipse Sobre la Corona | Eclipsa x Globgor (+21)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora