2 | Anti-héroe.

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En mi habitación hay una cama vacía, perfectamente ordenada que no ha sido ocupada por nadie en mucho tiempo, junto a ella hay un antiguo buró lleno de polvo, que sobre él, tiene una lámpara y una antigua fotografía de mi madre con mi hermana y yo, cuando apenas éramos unas niñas.

Eso es todo.

Es lo único que mi hermana dejó el día en que se fue de esa casa, hace más de cinco meses. Menos mal, porque así puedo imaginar que volverá pronto y volveremos a tener esas largas conversaciones antes de dormir, que las cosas volverán a ser como lo eran antes.

Mi alarma comenzó a sonar, así que me deslicé a través del colchón en contra de mi voluntad y me encerré en el baño para tomar una ducha con agua fría, para despertar un poco. No pude dormir en toda la noche, pasé horas con los ojos cerrados dando vueltas en la cama, suplicando poder dormir aunque sea un poco, mientras mi mente hacía todo lo posible para impedirlo.

Más tarde me puse el uniforme, cepillé mi cabello, tomé mi mochila y bajé rápidamente a la cocina para prepararme el desayuno, en donde percibí un fuerte olor a cigarrillo. Seguramente mamá estuvo fumando aquí, sin parar. Nada nuevo. Así que abrí las ventanas para dejar que el aire fresco entrará a la habitación y luego me dirigí a el refrigerador; había dos huevos, un chorrito de mi leche vegetal, pan de caja, aguacate y espinacas a nada de pudrirse.

Suspiré, abrumada.

Use el chorrito de leche para prepararme un café, tosté un poco de pan y le unte aguacate, luego cocine un puño de espinacas, después cocine un par de huevos con las espinacas sobrantes para que mamá tuviera algo que comer al despertar, luego de su largo turno en el hospital. Así que en cuanto acabé de desayunar subí a su habitación y noté que estaba tirada en el suelo, a un lado de la cama, por lo que me apresure a levantarla, con el corazón acelerado y la acomode con cuidado sobre su cama. Apestaba a alcohol. Otra vez. Y eso me enfureció, así que solo la deje ahí y me fui a la escuela.

—¡Te estuve llamando toda la tarde!

Levante la mirada apenas reconocí la voz de Rebeca.

—Lo sé, lo siento mucho. —respondí.

Rebeca me miró por unos segundos con su habitual preocupación, que siempre me hace sentir mil veces peor de lo que me siento, aunque sé que no es su intención. Es solo que no me gusta verme a través de sus ojos. No así.

—No hiciste la tarea, ¿verdad?

Negué en silencio. El dolor de cabeza me está matando.

—¿Ahora que sucedió, Line?

—Nada, discutí con mi mamá —trate de evitar el tema—. Luces preciosa hoy.

—Muchas gracias —sonrió, llenando de vida mi pobre corazón—. Tú también.

—Las amigas no mienten Rebeca.

—No te ves bien, pero sigues siendo preciosa. ¡Tienes unos ojos bellísimos!

Una pequeña sonrisa se escapó de mis labios, después Rebeca tomó asiento a mi lado y por un momento, me sentí lejos de todo lo que me atormentaba, pues ella siempre ha sido como curita para mi corazón. Entonces extendió una carpeta y me la entregó:

—¿Qué es esto? —fruncí el ceño.

—La tarea de todas las clases.

—Beca, no. No puedo aceptarlo.

—¡Sí puedes y lo harás!

—No.

—¡Sí!

—Que no.

sʜᴏᴜɢᴀɴᴀɪ: ɴᴏ sᴇ ᴘᴜᴇᴅᴇ ᴇᴠɪᴛᴀʀ.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora