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Lunes 14 de abril

Estaba dando un paseo por los parques esta mañana cuando mis pasos inconscientemente me llevaron a la parroquia. Encontrándome afuera no pude, educadamente, pasar de largo, y llamé para presentar mis respetos. Para mi horror, allí encontré a Elizabeth sola. Ella parecía tan sorprendida como yo, pero no estaba, pienso, molesta. ¿Por qué estarlo? Debe ser satisfactorio para ella pensar que me ha cautivado. Me ofreció asiento, y no tuve otra opción más que sentarme.

-Lamento la intrusión- dije, sintiendo la incomodidad de la situación, y queriendo asegurarme que ella supiera que no había sido a propósito. -Tenía entendido que todas las damas estaban en casa.
-Mrs Collins y María se fueron de compras al pueblo- respondió.
-Ah.
-¿Lady Catherine está bien?- dijo al fin.
-Sí, se lo agradezco. Está bien.

Silencio.

-¿Y Miss de Bourgh? ¿Ella se encuentra bien también?.
-Sí, gracias. Lo está-. Otro silencio.
-¡Cuán repentinamente se fueron Ustedes de Netherfield en noviembre último, Mr Darcy!- comenzó luego. -Debe haber sido una sorpresa agradable para Mr Bingley verlos tan pronto; porque, si no recuerdo mal, se había ido sólo el día anterior. ¿Él y sus hermanas se encontraban bien, supongo, cuando dejó Londres?.
-Perfectamente, gracias.
-Tengo entendido que Mr Bingley no tiene ideas de regresar a Netherfield de nuevo.
-Nunca lo oí mencionarlo, pero es probable que pase muy poco tiempo allí en el futuro. Tiene muchos amigos, y está en una época de la vida en la que los amigos y los compromisos continuamente aumentan.

-Si tiene pensado ir tan poco a Netherfield, sería mejor para el vecindario que dejara el lugar por completo, para darle la posibilidad a una familia para que se establezca allí. Pero tal vez Mr Bingley no tomó la casa tanto para conveniencia del vecindarios como para la suya propia, y debemos esperar que la mantenga o la deje en base a los mismos principios.
No me agradaba el tema, pero contesté con suficiente cortesía.

-No me sorprendería que lo dejara, tan pronto como aparezca una oferta razonable.

Debería haberme ido de la parroquia entonces. Lo sabía. Y aún así no pude irme. Hay algo en la forma de su cara que invita a mis ajos a seguirla, y algo en su la caída de su cabello que me hace querer tocarlo. Ella no decía nada, y una vez más estuvimos en silencio.
No podía decir lo que estaba pensando, y aún así me encontré con que no podía irme.

-Parece ser una casa muy confortable- dije.
-Sí, así es.
-Debe ser agradable para Mrs Collins estar establecida a una distancia tan corta de su familia y amigos.
-¿Una distancia corta ha dicho?- preguntó sorprendida. -Son cerca de cincuenta millas (80 km).
-¿Y qué son cincuenta millas con una ruta en buen estado? Poco más de medio día de viaje.
-Nunca hubiera considerado la distancia como una de las ventajas de la unión- protestó Elizabeth.
-Eso prueba su propio apego al condado de Hertford. Todo lo que se encuentre más allá del vecindario de Longbourn, supongo, le parece lejano- dije.
-No quise decir que una mujer no pueda establecerse lejos de su familia.
Ah. Ella sabe lo ruin de sus relaciones y no se apenaría de alejarse de ellos. Cuando se case, podría dejarlos atrás.
-Pero estoy persuadida de que mi amiga no diría que se encuentra cerca de su familia a menos que se encuentre a la mitad de la presente distancia-continuó.

-Usted no tiene derecho a sentirse tan apegada a su lugar- dije, acercando mi silla un poco mientras hablaba, porque sentía un deseo creciente de estar cerca de ella.

-Usted no siempre debió estar en Longbourn.
Ella miró sorprendida, y yo me detuve. Casi me dejo llevar por mi admiración y la tentación diciendo que ella no tendría objeción de vivir en Pemberley, pero había ido muy rápido y estoy agradecido por ello. Su mirada de sorpresa me salvó de entrar en un curso de acción del que seguramente me arrepentiría. Alejé mi silla, y tomando un periódico, miré por encima.

-¿Le gusta a Usted Kent?- pregunté, con suficiente frialdad como para derribar cualquier esperanza que ella pudiera haberse formado por mis modales previos.
-Es muy placentero- dijo, mirándome con perplejidad.
Entramos en una discusión sobre sus atracciones, hasta que fuimos salvados de necesitar más conversación por el regreso de Mrs Collins y María. Estuvieron sorprendidas de verme allí, pero expliqué mi error y me quedé sólo unos minutos más, luego regresé a Rosings.

El diario del Sr. Darcy Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora