Martes 22 de abril
Estoy en tormento. Después de todas las promesas que me hice. Después de todas mis resoluciones, éste – ¡éste! –es el resultado. No puedo creer los eventos de las últimas horas. Si sólo pudiera considerarlos efecto de una fiebre en mi mente, pero no hay dudas de que han sucedido. Le he ofrecido mi mano a Elizabeth Bennet.
No debería haber ido a verla. No necesitaba hacerlo, únicamente porque no se unió a nosotros para el té. Tenía migraña. ¿Qué dama no sufre de migrañas?
Al principio tomé mi té con mi tía y Mr y Mrs Collins, pero todo el tiempo mis pensamientos estaban con Elizabeth. ¿Estaba ella sufriendo? ¿Realmente se encontraba mal? ¿Podía hacer algo para ayudarla? Al final ya no pude contenerme más. Mientras los demás hablaban de la congregación, declaré que necesitaba aire fresco y expresé mi intención de dar un paseo. No sé bien si tenía idea o no de ir a la parroquia cuando dejé Rosings. Mi corazón me llevaba allí pero mi razón me urgía a regresar, y mientras tanto mis pies continuaron caminando hasta que me encontré afuera de la puerta de la parroquia. Al preguntar por Miss Bennet me llevaron al recibidor, donde ella me miró sorprendida cuando me vio entrar. Yo mismo estaba sorprendido. Comencé con suficiente racionalidad. Le pregunté por su salud, y respondió que no se encontraba tan mal. Me senté. Me levanté. Caminé por el cuarto. Al final no pude contenerme más.
-En vano he luchado- Las palabras estaban afuera antes de que pudiera detenerlas. - No lo haré más- continué. -No puedo reprimir mis sentimientos. Debe Usted permitirme que le diga cuán ardientemente la admiro y la amo.
Listo. Lo había dicho. El secreto que tanto había guardado había encontrado voz y había salido a la luz del día. Ella se asombró, se sonrojó, y mantuvo silencio. ¿Cómo no hacerlo? No había nada que pudiera decir. Sólo debía escuchar mi declaración y luego aceptarme. Sabiendo que yo había caído bajo sus encantos, ella sabía muy bien que las puertas de Pemberley se abrirían para ella, y que toda la sociedad de mundo sería suya.
-No pretendo ser ignorante de la naturaleza pobre de sus conexiones, de la inferioridad y carencia de nacimiento- dije, sin poder creer que había permitido que mi amor por ella superara esos sentimientos naturales, llevado por emociones que eran imposibles de controlar. -Habiendo pasado muchas semanas en el condado de Hertford, sería tonto pretender que no es una degradación aliarme con una familia así, y sólo la fuerza de mi pasión ha permitido que deje de lado esos sentimientos.
Mientras hablaba, una imagen de los Bennets se levantó ante mis ojos, y me encontré hablando no tanto a Elizabeth si no a mí mismo, pensando en todas las ideas que me habían perseguido las últimas semanas y meses.-Su madre, con su vulgaridad y su lengua locuaz; su padre con su rechazo deliberado a controlar los excesos de sus hermanas menores. ¡Estar unido a esas muchachas!- dije, recordando a Mary Bennet cantando en la fiesta. -La mejor de ellas una muchacha aburrida, sin gusto ni sentido, y la peor de ellas una tonta, consentida y egoísta, que no encuentra nada mejor que hacer que correr detrás de los oficiales- continué, recordando a Lydia y Kitty en el baile de Netherfield. -Un tío procurador y otro que vive en Cheapside- seguí, mis sentimientos fluyendo como un torrente. -He sentido la imposibilidad de una unión todas estas semanas. Mi razón se revuelve contra ello,más aún, toda mi naturaleza está en contra. Sé que me estoy rebajando al hacer una oferta como ésta. Estoy repudiando tanto las conexiones de mi familia como el orgullo. Que yo posea estos sentimientos por alguien tan por debajo de mí es una debilidad que desprecio, y aún así no he podido superarlo. Me fui a Londres y me inmiscuí en negocios y placer, pero nada de eso quitó su recuerdo de mi mente- dije, volviéndome a mirarla y dejando que mis ojos recorrieran su cara.
-Mi devoción ha sobrepasado a todos mis argumentos razonados, ha sobrevivido a una larga separación, la cual, en lugar de aplacarla, la ha hecho más fuerte, y ha resistido mi determinación de superarla. No importa cuáles sean mis sentimientos más racionales, no lo negaré. Es tan fuete que estoy preparado para dejar de lado las faltas de su familia, la bajeza de sus conexiones y la pena que debo infligir a mis amigos y familiares, y pedirle que se case conmigo. Sólo espero que mi lucha sea ahora recompensada- dije.
-Libéreme de mi incertidumbre. Calme mi ansiedad. Dígame, Elizabeth, que será mi esposa.
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El diario del Sr. Darcy
Romansa(ESTA OBRA NO ES MÍA) Basada en la obra maestra de Jane Austen, Orgullo y Prejuicio (Pride and Prejudice), el Diario del Sr. Darcy nos narra la historia original de Jane Austen desde el punto de vista del Sr. Darcy, presentándolo como entradas de s...
