✐; Extra XI. El mundo real.
Cuando Pei Shaoze despertó, se dio cuenta de inmediato de que el entorno a su alrededor no era el correcto. La habitación estaba en penumbra, las cortinas grises y el sofá apenas visible en la esquina eran completamente diferentes a su hogar con Cheng Xia, pero extrañamente idénticos a su dormitorio en el mundo real.
Aguantando el punzante dolor de cabeza, se levantó y caminó hacia la ventana, corrió las cortinas...
Afuera llovía suavemente. Desde la habitación se podía ver el exuberante jardín del primer piso, junto a él, un amplio sendero de piedra y, al lado del camino, la frondosa higuera con sus ramas entrelazadas, tan familiar.
Este era el conjunto residencial donde vivía en el mundo real, una ciudad en el sur, donde incluso en invierno los árboles seguían verdes.
La expresión de Pei Shaoze cambió de inmediato y tomó su teléfono—la pantalla mostraba la fecha: 24 de noviembre, el día después de su cumpleaños.
El sistema no lo había engañado. Mientras estaba en el mundo del libro Marca Accidental, el tiempo en el mundo real se había detenido. Y ahora, al despertar, había regresado exactamente a la noche de su fiesta de cumpleaños, tras haberse embriagado. Abrió los Momentos en WeChat y descubrió que seguían allí todas las personas que conocía en este mundo.
Nada había cambiado. Era como si hubiera tenido un sueño largo, larguísimo, en el que vivió toda una vida en otro mundo.
Pero sus recuerdos de aquel mundo eran tan vívidos y reales: él y Cheng Xia entrelazando sus dedos una y otra vez, abrazándose al dormir, besándose, sintiendo la calidez de su piel, tantos años juntos, un amor tan profundo... ¿cómo podía haber sido solo un sueño?
Pei Shaoze respiró hondo y buscó en Internet el nombre de Cheng Xia. No apareció ninguna noticia de una estrella con ese nombre.
Recordó la pregunta que le había hecho una vez al sistema: si su nombre y apariencia eran idénticos a los del Pei Shaoze en el mundo del libro, ¿podría ser que en el mundo real también existiera alguien igual a Cheng Xia?
El sistema nunca le dio una respuesta.
No sabía si en este mundo había un Cheng Xia, pero sí sabía una cosa: después de haberlo tenido, no podía imaginarse el resto de su vida sin él.
En este mundo, solo tenía 30 años. Si vivía hasta los 70, le quedaban 40 años más... 40 años sin Cheng Xia. No podía imaginar cómo pasaría cada noche sin él. Para Pei Shaoze, la vida sin Cheng Xia sería una tortura insoportable.
Tenía que encontrarlo.
Con ese pensamiento, Pei Shaose salió apresurado hacia la empresa.
La resaca le hacía doler la cabeza intensamente, por lo que, cuando llegó a la oficina, su expresión era sombría. Su asistente, comprensivo, le acercó una taza de leche caliente junto con un plato de postres: "Presidente Pei, ¿no ha desayunado? Coma algo primero."
Pei Shaoze asintió, tomó un pastelito del plato, pero no pudo evitar pensar en Cheng Xia. A Cheng Xia le encantaba hacer postres; siempre preparaba una variedad de sabores y decoraba cada uno con patrones exquisitos y hermosos, tan agradables a la vista.
Llevó un trozo a la boca, pero le resultó difícil tragar. Se dio cuenta de que no dejaba de anhelar a Cheng Xia, ni por un solo instante.
A las 9 de la mañana, convocó a varios altos directivos a la sala de reuniones. Su expresión seria hizo que todos sintieran una presión sofocante. Cuando estuvieron todos presentes, habló con calma: "He decidido iniciar la producción de una película. Se titulará Buscando a Cheng Xia y realizaremos un casting abierto a nivel nacional para elegir al protagonista."
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Marca accidental
De TodoPei Shaoze escuchó sin querer hablar de una novela llamada 'Marca Accidental'. Una vez que se despertó, descubrió que se había convertido en la escoria Alfa del libro, Pei Shaoze.
