Después de un año sintiéndome lo peor, sola, y demás. Comprendí que es lo que hacía a la gente huir de mi, no era por el dolor que ellos ni siquiera comprendían o por las acciones que hacía, ni siquiera era por mi mal humor o mis sonrisas fingidas. Era porque todo mi ambiente era negativo, corrosivo, alguien incomprendida ya que necesitaba ayuda o fuerza de voluntad, cosa que en mi caso escogí quererme y dejar la tristeza atrás.
Reconozco que buscaba que los demás se sintieran como yo lo hacía y cuando me daban soporte o ayuda les rehuía. El porque es porque eso ayudaba a sentirme mejor durante esos instantes que no podía cortarme o llorar como lo patética que parecía. Quizá son palabras duras para una misma, y sí, lo son pero es la verdad. No soy alguien que le gustase ser ayudada y en cambio todo de lo que rehuía es aquello que buscaba ayudar en los demás y que sigo haciendo (inevitablemente, pero no hasta el punto de que llegue a afectarme a mi).
Aprendí que ser negativo no sirve de nada y que el humor es mil veces mejor que la tristeza, aún me falta quitarme de encima esa barrera que tardé tanto en construirme con prejuicios y sonrisas maliciosas e incluso un humor hiriente para protegerme de los demás. Pero cuidado, eso no significa dejar que me tomen el pelo, solo a dejar de estar a la defensiva contínuamente y de aceptar que también hago cosas mal.
