[...]
La misma escena se mantuvo hasta que transcurrió una larga hora.
Ya no había llanto, ni risas histéricas, ni palabras de profunda aflicción. Sino que en su lugar reinaba el más tenebroso silencio de muerte. Cualquiera hubiese jurado que no había vida alguna en la barquilla de aquel globo.
El silencio se estableció entre los hermanos aún más tiempo de lo que duró el ruido. Y fue sólo interrumpido por el roce de las ropas de George al incorporarse.
El muchacho miró sin expresión hacia fuera de la barquilla. Sus ojos parecían perdidos en la inmensidad del paisaje a sus pies. Permaneció inmóvil hasta que sintió la humedad del ambiente mojarle la cara. Dio medio vuelta y disminuyó la intensidad de la llama de los quemadores. Al finalizar su labor, cerró los ojos y suspiró con pesadumbre. Ya no poseía fuerzas para llorar. Miró atento a sus acompañantes, y algo de color pareció iluminar su semblante al darse cuenta de que, dentro de todo, estaban bien los cuatro.
La muchacha y Oliver observaban las acciones de su hermano sin sentimiento alguno. Ronald fue el único que logró conciliar el sueño, aunque sufría de un claro temblor a causa del penetrante frío de la atmósfera. George lo notó y tapó al niño con una gruesa frazada que formaba parte del equipo que acomodaron en el globo.
—Y... ¿Qué vamos a hacer ahora?— Interrogó Oliver en un suspiro. Su expresión parecía calmada, sin embargo había una evidente gravedad en su pregunta.
—Lo mejor que podemos hacer ahora es aferrarnos a la vida y cuidar cada uno la espalda misma y la del otro.— Explica el mayor en tono suave. Acariciaba con ternura los cabellos rojizos de Ronald, parecía negarse a dejar de hacerlo.
—¿Dónde creés que terminemos si dejamos que el viento nos maneje?— Demandó la única niña presente. Había un peso palpable en cada una de sus palabras.
—Eleonor... No vamos a la deriva. La niebla nos consume al caer la tarde, pero sabíamos eso desde un comienzo. Podemos manejar el globo al mediodía, y al caer la noche dedicar nuestras fuerzas a rezar. Dios no nos abandonará a nuestra suerte, pero nosotros no debemos abandonarlo a él.— Asegura el muchacho aún en su tono suave. Dedicó una sonrisa sincera a su hermana.
—Es tierno cómo intentás consolarnos de ésta situación siendo que ahora ya estamos prácticamente en la mierda y no vamos a salir más. Lo más probable es que muramos de hambre acá y en unos 800 años un geólogo encuentre el globo en el fondo del mar y por consiguiente nuestros huesos que ya van a estar todos hechos petróleo.—Escupe Oliver jurando en cada sílaba. Suspiró pesado y miró al más antiguo con lo más semejante a desesperanza que puede existir.
—No hay necesidad de ser tan pesimista, Oli. Ninguno quiere estar en ésta situación. Pensá en que realmente George es el que está a cargo nuestro. Él es el que debería estar quejándose e incluso si fuera otro tipo de persona se hubiese suicidado antes de venir. Ninguno de acá tiene la culpa, y no hay que despedazar la esperanza de los otros sólo porque la tuya ya falleció. Intentá dormir, Oli. Si vas perder la Fe, por lo menos no pierdas la fuerza para mantenerte en pie.— Tal vez en otro tipo de situación las palabras de la chica hubiesen sido tomadas como "un exceso de filosofía", pero ése no era el momento perfecto para joder, Oliver bajó la cabeza y dio la impresión de comenzar a llorar.
El resto del día transcurrió en absoluto silencio. Todos se acurrucaron juntos en el centro del globo y intentaron conciliar el sueño. El último en lograrlo fue el mayor, quien incluso dormido dedicaba interminables oraciones y súplicas al Señor. George sabía que Él lo escuchaba, y ése fue el consuelo que lo mantuvo vivo hasta el final.
"We are not in danger, God is with us"
YOU ARE READING
In the Wolf's teeth
Fiction générale-D'ya undertand what it's to be on the edge of situation? -..I knew it when I stepped into this Devil's place. -D'ya see? This place is the true "Wolf's mouth"
