Capitulo 1

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Harry despidió con un gesto de la mano a su asistente número quién sabe cuántos, y este se retiró de la oficina visiblemente afectado tras escuchar la vibración insistente de su móvil. Rodando los ojos ante tanto dramatismo, Harry respondió la videollamada que interrumpía su día.

—¿Qué quieres, rubia teñida? —cuestionó con sarcasmo.

Taylor soltó una risa contagiosa.

—Oh, amor, yo también te extrañé. —La rubia lanzó un beso, y Harry lo recibió de manera exagerada, guardándolo en un bolsillo invisible.

—Pero no llamé por eso, necesito un favor.

—Dinero tengo, pero no pienso prestártelo. Si es otra cosa, con gusto te ayudo —sacó la lengua burlonamente, y Taylor le mostró el dedo medio antes de sonreír.

—Ahora en serio, ¿qué necesitas?

—Algo sobre un contrato. Estoy en Miami por el momento, pero estaré en Manchester en un mes. ¿Vienes?

Harry hizo una mueca pensativa.

—Te invito a mi concierto, habrá alcohol —añadió Taylor.

Los ojos de Harry brillaron con interés.

—Bien. Iré, pero obviamente por el alcohol, no porque te extrañe.

La rubia sonrió y ambos lanzaron un beso antes de colgar.

Harry tomó su portátil y se sumergió en la tarea de revisar los miles de currículums que llenaban su bandeja de entrada. Ninguno le satisfacía: las mujeres intentaban seducirlo, los jóvenes eran demasiado asustadizos, y los mayores no tenían el temple necesario. Tras una larga búsqueda, pensó en alguien de mediana edad y continuó su revisión hasta altas horas de la noche.

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Louis entró a la habitación de su pequeño Eli, de cuatro años, y sonrió al verlo haciendo brazaletes de la amistad con su tío Taylor. Se rió al escuchar la regañina del niño por la elección de piedras.

—No, tío Tay —regañó con seriedad infantil—. Las piedras deben ser coloridas, no todas del mismo color. ¿Dónde está tu espíritu aventurero?

Louis se carcajeó ante el puchero de Taylor.

El niño volteó al oír la risa de su madre, sonrió y corrió hacia él para lanzarse a sus brazos.

—¡Mamiiiiii! Llegaste —besó repetidamente su frente, y Louis imitó el gesto. Se separaron cuando el niño se cansó y preguntó:

—¿Conseguiste trabajo?

Louis negó con un puchero. Eli sacó una cajita de su escritorio y, emocionado, mostró su diente perdido.

—¡El hada de los dientes vendrá y nos dejará dinero!

El corazón de Louis y Taylor se derritió ante la dulzura del niño.

—Oh, mi niño... eres tan dulce —Louis lo envolvió nuevamente en sus brazos y Taylor se unió al abrazo.

—Todo estará bien —aseguró Taylor con una sonrisa.

Y aunque esa noche Louis se quedó en vela buscando empleo, la esperanza brillaba en la calidez de ese abrazo familiar.

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Un mes después, la excitación flotaba en el aire mientras Eli, vestido con un vestido púrpura que hacía juego con sus zapatitos brillantes, saltaba y volaba sobre sus pies de la emoción, observando a todas las personas que esperaban en la fila para entrar al concierto.

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