Capitulo 6

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No tuvieron sexo en el bar.

Ambos querían. En serio querían.

Pero Eli era más importante que su lujuria.

Lo recogieron del estadio por la tarde, después de haberse dado un baño en el hotel para bajar el alcohol.

El niño, emocionado, les contó que la tía Taylor le había presentado a sus gatos... y que estos lo adoraron.

Jugó con ellos un rato y, para su sorpresa, Taylor lo invitó al concierto.

Eli, por supuesto, aceptó encantado y comió muchísimos dulces. Los mayores negaron con la cabeza ante eso, mientras Will solo sonreía con inocencia.

Al llegar al hotel, Eli cayó rendido. Will se ofreció a cuidarlo y los mayores aceptaron.

Terminaron de leer y redactar algunas actas y alegatos para el próximo juicio de Harry, y luego se acurrucaron en el sofá.

Louis se acomodó en el pecho de Harry, y este le besó la frente.

Decidieron ver una película: Yo antes de ti.

Louis lloró... y aunque Harry fingió que no, él también lo hizo.

Se quedaron dormidos en el sofá y, a medida que la noche avanzaba, el mayor trasladó a Louis en brazos hasta su habitación. Luego entró en la de Eli, dejó un beso en la frente de sus dos chicos, y mirándolos sonreír entre sueños, se juró a sí mismo que los mantendría así de felices toda su vida.

Louis despertó al día siguiente y sintió a Eli removiéndose sobre él.

—Quédate quieto, mami —murmuró su bebé entre sueños, con el cuerpo completamente recostado encima suyo, como cuando era un recién nacido.

El mayor sonrió y, con delicadeza, dejó un beso en su frente antes de acurrucarlo entre las sábanas para poder salir de la cama.

Eli abrazó su almohada y apenas notó su ausencia.

Louis ingresó al baño, se lavó los dientes, hizo sus necesidades y salió dejando la puerta entreabierta, por si Eli despertaba y no lo veía.

En la sala de la suite, encontró a Will tirado sobre el sofá leyendo un libro. Le sonrió.

—Buenos días, Louis. ¿Y Eli? —preguntó, bajando las piernas del sofá para dejarle espacio.

Pero Louis no se sentó; solo sonrió desde su sitio.

—Buenos días, Will. Eli está siendo un osito invernando, como todas las mañanas. ¿Y Harry? —lo buscó con la mirada.

—Ya te habías tardado en preguntar por tu amorcito —susurró Will con burla.

Louis se sonrojó y le lanzó un cojín. El mayor se carcajeó mientras el objeto le daba de lleno en el rostro.

—¿Dónde está? —preguntó entre dientes, con las mejillas más rojas que un tomate.

Will, apiadándose, respondió:

—Está en el balcón. Le trasladaron el piano para no molestarlos mientras dormían. Está afuera tocando.

Louis intentó contener su emoción... pero fracasó. Corrió hasta el balcón al otro lado de la suite.

Will lo observó con una sonrisa antes de volver a su lectura.

Harry dejó de tocar cuando sintió un pequeño dedito tocando su hombro. Al voltear y ver a Louis, su sonrisa apareció de inmediato. El menor se la devolvió.

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