La alarma resonó por toda la habitación interrumpiendo su sueño.
El reloj marcaba las 7 a.m. Antes de levantarse, dio media vuelta en la cama y le plantó un piquito al morocho a su lado, quien lo miró con una sonrisa adormilada y sus ojos achinados.—Feliz cumple, Matu.
— Gracias, Enzo -Susurró.
Acto seguido se levantó de la cama y caminó de vuelta hacía su habitación. Una vez allí se dirigió hacia el baño en búsqueda de una pastilla para poder calmar el dolor de cabeza que estaba comenzando a sentir, se golpeaba mentalmente por haber decidido ir a una fiesta un domingo por la noche, pero lo hecho hecho está y ahora se tiene que abstener a las consecuencias, la resaca.
Un café con leche y algunas galletitas llenaron su estómago, suficiente para ayudarlo a sobrellevar la mañana hasta que tenga tiempo de salir de clase y comprar algún snack hasta que llegue la hora del almuerzo.
Cuando estaba mirándose en el espejo, confirmando que su maquillaje —un poco de rimel, su labial con brillitos y algo para tapar sus notables ojeras— estuviera bien, Facundo entró abruptamente a la habitación, exhaltando a Matías del susto.
—¡Feliz cumple, Matias! -Gritó el santafesino una vez dentro de la habitación, posando como diva, con una mano en su cintura y la otra elevada sobre su cabeza, sosteniendo un cupcake con una velita encendida.
El pequeño pastel estaba decorado con crema violeta y en el centro una "M" con brillitos.
—¡Ey! Gracias, Facu -tomó el regalo y se acercó al menor para darle un pequeño abrazo.
Una vez que su compañero de hermandad salió del cuarto, con vela y todo, Soulé tiró con disguto el cupcake al tacho de basura debajo de su escritorio. Tomó su celular, la mochila y las llaves, y encaró su día.
Por suerte la caminata por el campus fue amena, no estaba plagado de estudiantes como normalmente sucedía, se colocó sus auriculares y disfrutó de sus últimos minutos de tranquilidad antes del estrés y agotamiento que le generan sus clases.
Llegó la última clase del día y una vez terminada, el joven marplatense volvió a su dormitorio, allí durmió una pequeña siesta y luego se dispuso a prepararse para una fiesta, si, otra vez.
En la universidad abundaban las fiestas, casi todos los días, una hermandad diferente organizaba algún festín.La hermandad que estaba a cargo de la fiesta se encontraba, dentro de todo, lejos de la casa donde recidía el azabache, pero antes de llegar a destino tenía un pendiente que atender. Su camino se desvió hacia el edificio donde se hospedan algunos profesores, asegurándose no cruzarse con alguno, tomó el ascensor hasta uno de los últimos pisos.
Dos toques en la puerta fueron suficientes para que el dueño del lugar le diera permiso vociferando un —¡Pasá! -el menor era al único que esperaba esa tarde-noche.
Una vez dentro, vio como el profesor Véliz se levantaba de su asiento y comenzaba su caminata hacía él. —Hola Soulé, ¿cómo le-El oriundo de Rosario no pudo terminar su pregunta que ya tenía al menor estampando sus labios sobre los suyos, iniciando un beso hambriento, al cual Alejo no se negó, de hecho se lo siguió con gusto.
Las manos del profesor Véliz recorrían todo el cuerpo delgado de Matías, mientras que él tenía sus manos en la nuca del mayor, acariciándola y tirando de los pocos cabellos que allí había.Con torpes pasos y sin romper el beso, se acercaban al sofá donde antes estaba sentado el mayor. Allí Alejo reposó suavemente a Matías, para luego él posicionarse encima, aprovechando la posición llevó sus manos debajo de la camiseta del marplatense, presionando su cintura, queriendo dejar marcas allí.
Los besos del mayor comenzaron a descender por sus mejillas a su mandíbula, llegando a su cuello, comenzando a succionar un poco la piel del más joven.
—Pará, pará, no me marques.
—Fua, que aburrido que sos -Contestó el profesor, provocando una risita a su estudiante, quien volvió a acunar su rostro, atrayéndolo para continuar con los besos.
Se encontraban en la puerta del hogar del profesor Véliz, estaban despidiéndose.
El mayor se acercó lentamente a su estudiante y le dejó un pequeño beso en su sien —Vaya con cuidado, Matías. -Susurró.Matías quiso actuar como si eso no le hubiera afectado, pero sus mejillas ruborizadas lo delataban. —Buenas noches, Véliz.
Y a la velocidad de la luz, escapó de esas cuatro paredes.Una vez fuera del edifcio, se acomodó su maquillaje mirándose en la cámara de su celular, para luego continuar con su caminata.
Matías no iba prestando atención a su alrededor, estaba muy concentrado eligiendo una foto para publicar en sus historias de Instagram, pero un chiflido lo trajo a la realidad.
Dirigió su mirada hacia la izquierda, a la entrada de un túnel, una persona vestida de negro de pies a cabeza estaba parada firmemente a unos metros de él. Se quedó mirándo fijamente a la silueta, notando que llevaba puesta una máscara, específicamente la de la mascota de la escuela. Inspeccionó su alrededor para verificar si estaba solo, pero cuando volvió su vista al inicio del túnel, esa persona desapareció, y lo último que supo, o mejor dicho sintió, fue como algo filoso y frío atravesaba su nuca, lo habían asesinado.
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Feliz Día de Tu Muerte
FanfictionFDDTM: luego de una alocada noche, Matías se despierta en el día de su cumpleaños, horas más tarde es asesinado, pero en vez de descubrir qué sucede después de la muerte, se vuelve a despertar en el mismo día, encontrándose en un bucle temporal y co...