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Matías se despierta con el sol dándole de lleno en la cara, al recuperar de todo su conciencia, nota que no está en su habitación y que hay un brazo rodeándo su cintura.
Había despertado, otra vez, en la habitación de Enzo.

Tomó su celular de la mesita de noche y efectivamente, era el día de su cumpleaños. Una sensación extraña subió de su estómago a casi su garganta, quería vomitar, el día anterior se estaba repitiendo.

Inició desconcertadamente el día, recibiendo el cupcake por parte de Facundo, asistiendo a sus clases, tomando su siesta, visitando al profesor Véliz, pero todo fue confuso, su mente no dejaba de pensar en por qué carajos esto estaba sucediendo, ¿por qué a él?.

Salió del edificio de los profesores, comenzando su caminata hacia la fiesta, pero esta vez tomando otro camino, por el cual varias personas transitaban, sintiéndose un poco aliviado, pero aún seguía paranoíco, trataba de identificar cada uno de los rostros que se cruzaba, para su suerte, esa persona no estaba allí.

Llegó sano y salvo, se adentró a la casa, sus oídos siendo destruidos por el alto volumen de la música, sus ojos viendose perturbados por la mezcla de la oscuridad y las luces de colores.

Caminó hacia la cocina, deseaba consumir una gran cantidad de alcohol para olvidarse de lo sucedido, tal vez fue todo un mal sueño y nada de lo que pasó fue real.

Se encontró con algunos de sus amigos, como Valentín, Agustín y Luka, el trío inseparable, estuvo un buen tiempo bailando con ellos y compartiendo algunas risas por los raros movimientos que   el de cabello largo y el ojiverde realizaban.

Después de varios tragos la naturaleza llamó, así que no le quedó otra que ir en busca del baño. Le preguntó a un grupo de chicas, que al darle las indicaciones –en el piso de arriba, a la izquierda– no evitaron ofrecerse a acompañarlo y otras invitándolo a que se una a ellas cuando vuelva. A pesar de ser una oferta tentadora, sólo les dedicó una sonrisa, de esas que vuelve loco a cualquiera, y emitió un gracias , dirigiéndose hacia las escaleras.

Una vez en el piso de arriba, giró hacia la izquierda, encontrándose con un pasillo y varias puertas a los costados, hizo dos o tres pasos, y de repente una de las tantas puertas se abrió, de allí salió un gran tumulto de gente.

Su sangre se heló cuando entre todos ellos vio eso horrenda y tenebrosa máscara, quería retroceder, pero su cuerpo no respondía, quería gritar por ayuda, pero su voz solo se oía en su mente.

Veía en cámara lenta como la figura vestida de negro avanzaba hacia él, lo desesperaba no poder hacer nada.
Lo último que vio fue como el brazo derecho de esta persona se elevó y al bajar, fue en dirección a su cuello.

El marplatense se despierta asustado, respirando agitadamente, una vez más se encuentra en la habitación de Enzo.
Mira la fecha, sigue siendo su cumpleaños.

—La re puta que lo parió -Exclamó.

Rápidamente tomó sus pertenecias y salió disparado hacia su habitación. Una vez allí, cerró la puerta con llave y se sentó en su cama, especificamente en la punta, mirando hacia la puerta.
Las ganas de llorar no le faltaban, pero se contuvo.
Se estaba volviendo loco, lo angustiaba no saber el motivo de todo esto.

Comenzó a inhalar y exhalar, acariciando su pecho, pensando en cosas lindas, recuerdos de su infancia, sus cumpleaños pasados y se convencía de que allí, entre esas cuatro paredes, estaría a salvo.

Un ruido, corto pero estruendoso, se oyó desde el baño.
Su pulso se aceleró, sentía que su corazón saldría escapando de su pecho cuando vio la manija de la puerta del baño moverse.
Y su peor pesadilla se hizo realidad, la persona enmascarada hizo presencia.

No supo cómo, pero esta vez pudo lograr soltar palabras de su boca. —¡No me hagas nada, por favor! -con cada palabra se acurrucaba más contra la pared tras su espalda.

—No sé qué querés de mi, pero por favor, no me hagas na-

Le disparó, el hijo de puta le disparó.

Feliz Día de Tu MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora