Aquella mañana Molly comía vorazmente su trozo de pastel de plátano. Era su favorito.
—No mires —le dijo Rosy a Esther. —Si quieres terminar el desayuno mejor mira hacia la ventana, hace un bonito día.
Esther no podía soportar mirar a Molly cuando ésta comía. Y la tenía muy cerca en el comedor, tanto que, con sólo con girarse un poco, ya la podía ver.
Hoy es un gran día pensó Esther una vez salieron al jardín. Mi hermana pequeña va a venir a visitarme y me contará novedades. Hoy me alejaré mentalmente de este sombrío lugar. Sonrió pensando en ello.
La vida allí era monótona e insípida, no creía que pudiera continuar así. Los días pasaban tediosos en un ambiente plagado de profundos olores y sensaciones lejos de todo lo conocido. Poco a poco veía que esa persona que fue y de la que tan orgullosa estaba, iba desapareciendo entre todos esos personajes enfermizos, poco cuerdos y deprimentes. Algo tenía que cambiar o se iría transformando en ese personaje que asomaba alguna vez, triste y anodino.
Todos los residentes salieron a disfrutar del maravilloso día soleado. Los que podían, paseaban y para los que no, una cuidadora les brindaba su gentil ayuda para aproximarse a los bancos o bajo la sombra de los magníficos árboles que rodeaban la edificación principal.
«La vida no era del todo horrible, pero se acercaba bastante» pensó.
Una señora muy bien vestida se aproximó a Esther. Sin mediar palabra y tras unos segundos mirándose mutuamente, se fundieron en un gran abrazo fraternal. Era su hermana Blanca. Unos años más joven, viuda, en perfecto estado de salud y con una gran cantidad de tiempo libre para disfrutarlo.
Esther esperaba que pudieran marcharse a un lugar más apartado para poder conversar tranquilas ya que, a un lado tenía a Sue que, con su aparato para poder respirar, no dejaba oír mucho y al otro lado estaba Sandra, enferma desde hace mucho tiempo del corazón, se asemejaba a un pajarito. Pero no por lo desvalida, sino porque todo lo que oía lo repetía sin cesar. Para ser más concretos, parecía un loro con verborrea según Blanca.
Su hermana arrastró la pesada silla de ruedas por el parque hasta alejarse bastante del grupo, se paró cerca de unas escaleras por las que se accedía a la zona de cocinas. Allí estarían tranquilas.
La conversación fue muy amena, recordaron tiempos más jóvenes, hablaron de sus maridos ya fallecidos y Blanca, le contó todo acerca de su último viaje a Paris.
Esther voló con sus pensamientos y pudo disfrutar durante un buen rato de las historias y anécdotas que contó su hermana. Siempre era un gran día cuando venía a visitarla, lo pasaba en grande.
A lo lejos una de las cuidadoras comenzaba a recoger a los ancianos con dificultades para caminar. Era la hora de la Terapia Ocupacional.
En un salón gigantesco, sentados en mesas de madera redondas se dedicaban durante una hora a recortar, pegar, dibujar, coser y todo tipo de entretenimientos con tal que las manos no pararan de moverse. Esther participaba activamente y ayudaba a quien lo necesitara. Sus compañeros de mesa también iban en silla de ruedas, como ella, pero por diferentes motivos. Félix tuvo hacía poco una ciática galopante y Pedro se había caído cuando iba al baño por agacharse a recoger un algodoncillo del suelo. Durante unos días tendrían que ir sobre ruedas. Ella tendría que ir siempre.
Esther se quedó absorta mirando a la cuidadora. No la reconocía. "Sería nueva" pensó .
Blanca, que también se había sentado en su mesa, le preguntó - ¿Qué ves con tanto interés?
—Pues la verdad es que esa cuidadora..., el hecho es que yo la he visto en algún sitio. Pero con mi memoria...
No lo consiguió. Su cabeza, antaño tan resolutiva, aspiraba en la actualidad a acordarse de lo que hacía o veía pocas horas antes.
Cerca de la hora de comer, Blanca se despidió eufóricamente y prometió volver la semana próxima.
«Menos mal que nuestra hermandad es inmarcesible» pensó Esther. «No sé qué haría sin sus visitas todas las semanas». Y quedó contemplativa con la mirada perdida y relajada tras esa mañana tan encantadora.
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Atardeceres
General FictionAmbientada en una Residencia de ancianos donde conviven unos seres peculiares y poco convencionales.
