Tras la marcha de Celeste, se acercaron a la enfermería a buscar unos calmantes para Esther, le había dado un ataque de pánico y Martin no sabía cómo tranquilizarla.
Allí, Silvia les recibió en la puerta, estaba a punto de marcharse, ese día casi no había residentes y su trabajo había terminado ya.
-¿Qué ha pasado? -dijo cuando vio a Esther con la respiración acelerada.
-La he encontrado así -mintió Martin. Estaba en la sala común, sentada en su silla, en esta situación.
Silvia les hizo pasar y entre los dos la tumbaron en una camilla. Le quitaron los zapatos y desabrocharon la blusa que llevaba.
-Le voy a tomar la tensión, miraré el oxígeno y luego haremos un electro. -Dijo con seriedad. ¿Ya te había pasado anteriormente? -preguntó.
-Esther casi no podía hablar, de su boca salió un susurro casi imperceptible. -No, nunca.
Cerró los ojos y se dejó guiar por la enfermera mientras la valoraba. Martin salió de la habitación y esperó en el pasillo mientras meditaba e intentaba centrarse. Porqué Celeste había preguntado por la enfermera y que relación tendrían.
Otra cuestión era cómo podrían estar a salvo con esa mujer que los había amenazado físicamente, tenía miedo por Esther, no sabía si ella podría sobrellevar aquello.
Al cabo de media hora, Silvia salió de la consulta, se acercó a Martin y le dijo que luego la llevara a su habitación y dejara que descansara tranquila hasta el día siguiente. Las pruebas habían salido bien pero le pediría una cita con el médico para que le hicieran una revisión más exhaustiva. Ahora necesitaba descansar.
Tras ayudarla a tumbarse en su cama, quitarle los zapatos y la chaqueta que llevaba, cogió una manta gruesa y la tapó lo mejor que pudo, parecía tranquila. Se sentó a su lado, le cogió la mano y mientras la miraba pensaba en la suerte que tenía. La vida en ese sitio, sin ella, no sería lo mismo, tenía unos sentimientos hacia ella que lejos de presentarlos abiertamente, los guardaba dentro de su ser como un tesoro. A esas edades demostrar sentimientos más allá de una mera amistad no llevaban a ningún sitio. Pero él sí los tenía, y muy arraigados. La quería y haría lo que fuera por ella.
Sus ojos se humedecieron, apretó más fuerte su mano y se levantó muy despacio para no hacer ruido. "Las articulaciones te jugaban una mala pasada en cualquier momento" -Pensó.
Martin salió de la habitación, habló con la cuidadora Teresa para decirle que Esther ya estaba en la cama y descansar le vendría bien por orden de la enfermera. Teresa le llevaría un zumo sobre las diez de la noche y le echaría un vistazo.
Martin se dirigió a la Biblioteca, había un par de ordenadores a disposición de todos y ya que a esas horas estaba cerrada, empezaría a buscar información, no sabía por dónde empezar pero había que hacer algo, aunque fuera poco.
En internet no encontró nada, ninguna relación entre Silvia y Celeste, seguramente no se conocían, estaba seguro que Celeste quería algo de la taquilla de Silvia y también era seguro que Celeste no era su nombre y dudaba que Silvia fuera el nombre de la enfermera.
Intentó buscarla en la página web de la Residencia, no aparecía.
Intentó buscarla en redes sociales, pero no aparecía o no sabía buscar.
Siguió buscando y ampliando sus capacidades de entender la vida, buscó experimentos para alargar la vida, rejuvenecer, ganar a los años y todas esas cosas que parecían imposibles. Dudaba de que se estuviera volviendo loco, o de que Esther no estuviera cuerda, pero lo que les había pasado en la sala común era verdad y lo habían vivido los dos.
No encontró nada.
Cuando terminó el día y estaba a punto de irse a dormir, no sin antes cerrar la puerta con cerrojo, pensó -No me lo creo, alguien más tiene que estar involucrado en todo esto, y tendremos que averiguarlo. Cuando Esther mejore retomaremos la investigación, si ella quiere.
Le había picado el gusanillo y un poco de miedo contribuía a buscar una solución o entendimiento a todo aquello.
Su siguiente paso sería asaltar la enfermería y buscar en la taquilla de Silvia. No había opción.
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Atardeceres
General FictionAmbientada en una Residencia de ancianos donde conviven unos seres peculiares y poco convencionales.
