Esa tarde, aprovechando la hora de la siesta, Martin se armó de valor y con una linterna, previamente requisada al personal de mantenimiento y una llave maestra, sustraída del despacho de la directora, caminó ligero y constante hacia las taquillas de las empleadas.
Había cedido al plan de Esther. Tras preguntar a la cuidadora su nombre, ésta había respondido Celeste, no era Candy como recordaba su amiga. Habría que investigar más, seguro que tendría una explicación.
Iba pensando en cómo se había dejado engatusar por su amiga y de qué forma saldría parado si lo pillaban. Se haría el loco o diría que no sabía lo que hacía; a su edad se podía permitir ciertas pérdidas de memoria.
Su mente divagaba alternando pensamientos más razonados con otros menos lógicos ¿Qué podría ser lo peor? Que lo echaran de la residencia, que lo interrogaran si lo pillaban con las manos en la masa, que lo torturaran.... Si se llegaba al punto de echarlo de allí, no habría problema.
Tenía una pensión bastante pobre, pero gracias a unas buenas inversiones y un plan de pensiones jugoso, no podía quejarse. De todas formas, sus dos hijos se desvivían por él y siempre le ofrecían más ayuda económica de la que necesitaba. No podía quejarse en ese sentido.
Cuando llegó a los vestuarios recordó que se había dejado el audífono encima de su mesilla, con las prisas y los nervios se le había olvidado. «Punto negativo para Sherlock versión yayo» —pensó.
El pasillo estaba vacío. Sacó la llave, pero al coger el pomo de la puerta, comprobó que giraba. Abrió. Entró despacio. "Qué raro, siempre la cierran a estas horas".
Encendió la luz y caminó hacia las taquillas al fondo de la estancia. Un fluorescente parpadeaba en señal de agotamiento hasta que finalmente se iluminó. «Poca luz para mis investigaciones».
"Taquilla 18". Lo tenía apuntado en un papel por si se le olvidaba, toda precaución era poca. Gracias a que llevaba sus gafas pudo encontrar la taquilla, sin embargo, las ganas de ir al baño se despertaron de repente y tuvo que posponer la segunda fase. Así lo habían denominado cuando repasaron la misión mientras empujaba la silla de Esther por el jardín.
Operación "paso en falso". Primera fase, entrar en la estancia. Segunda fase, abrir taquilla y analizar los elementos encontrados. Tercera fase, sustracción o toma de fotografías, si es posible, del material sospechoso.
Cuando salió del baño se percató que alguien entraba en los vestuarios, no por el sonido, más bien por una sombra que se movía. Volvió y se colocó tras la puerta para mirar por una rendija.
Sonó un móvil, Martin cambió la pierna de apoyo y se afirmó en la pared con la mano homolateral, estaba nervioso.
- Dime...ya lo sé... ¡no me llames para esto! ...estoy en ello y pronto lo tendrás, así que no me toques los.... Llevo tres días y todavía no tengo ninguna pista, pero con un poco más de tiempo... ¡Que te den por...!
—¡Joder! ¡!Era Celeste! —se echó ligeramente hacia atrás. Ella estaba mirando en su dirección y puede que lo hubiera visto. «¡Vaya forma de hablar!». Nada que ver a cuando él le había preguntado su nombre de forma casual y despreocupada, respondiendo con mucha amabilidad.
Un silencio se apoderó del lugar y tras un minuto largo como una hora, Celeste se aproximó a la puerta de los baños muy despacio.
De repente, sonaron unos golpes en la puerta de los vestuarios. Celeste retomó sus pasos, caminó hacia allí, abrió sin ninguna sutileza y salió a toda velocidad, cerrando de un portazo.
Martin notó cómo su corazón tras detenerse durante unos segundos volvía a latir de nuevo con intensidad. Su mano alcanzó el pecho y notó los esfuerzos de su "bomba" por retomar la normalidad. «Esos sustos no le convenían en absoluto».
No sabía si seguirla o abrir la Taquilla. Para colmo, casi no oía nada. Tras unos minutos en los que su mente se serenó y centró, se dirigió a la Taquilla 18 y con la llave maestra abrió la portezuela.
Estaba Vacía.
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Atardeceres
General FictionAmbientada en una Residencia de ancianos donde conviven unos seres peculiares y poco convencionales.
