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La cabeza me daba vueltas por la resaca del día anterior, sentía como si me hubieran pegado un machetazo.
No se en qué momento me pareció buena idea ir a clases después de aquella fiesta o mejor dicho, no se en qué momento me pareció buena idea ir a una fiesta un martes por la noche, sabiendo que duermo más que un bebé.
Mi estado solo empeoraba cada vez que observaba aquella bandeja de comida en la mesa frente a mi, se me revolvía el estómago aún más.
- ¿Te lo vas a comer? - Preguntó Angy señalando con su dedo índice a mi bandeja de comida intacta.
En respuesta negué y empuje con cuidado la bandeja hacia ella.
- No tienes buena cara, ¿estás bien? - Samira me miraba con cara algo preocupada, llevaba toda la mañana pidiéndome perdón por lo de ayer. Así era ella, siempre pensaba que tenía la culpa de todo.
- Estaría mejor en mi casa, tumbada en mi cama con una manta encima y viendo alguna película.- Comencé a fantasear acerca de eso.
- ¿Y por lo de ayer? ¿Estás bien?.- Y ahí vamos de nuevo.
- Sam, estoy bien. No te preocupes tanto por eso, ni si quiera fue tu culpa o algo así.- Aclaré.Alterne un momento la vista hacia Samira y luego hacia Melissa, hubo algo que me llamó la atención.
La entrada del director y la subdirectora al comedor junto a algunos más de los profesores se llevó algunas miradas curiosas de los alumnos de la cafetería.
- ¿Qué está pasando?.- Todas ignoramos la pregunta de Angy aún con los ojos clavados en lo que estaba sucedido.
Nadie estaba entendiendo nada.
Melissa no le dio mucha importancia a esto. A ella no le preocupan muchas cosas y lo máximo que la inquietaba era no ver toda la saga de Harry Potter entera en un día, cada semana.
- Quiero que todos os dirigaís a la sala de actos, urgentemente. - Comunicó el director.
Las cuatro intercambiamos miradas «Algo nos decía que esto no era bueno», y nos levantamos avanzando junto al resto de la marea de adolescentes saliendo de la cafetería.
Cuando atravesamos las grandes puertas de la sala de actos el lugar parecía estallar de la cantidad de personas que había. No había alumno o prefesor del instituto que no lo estuviera allí.
Samira me empujó levemente del hombro para indicarme que siguiera avanzando y no me detuviera. Avancé hasta la tercera fila donde había algunos asientos libres mientras las demás iban detrás de mí sin perder mi paso.
Sentía la necesidad de mirar a todos lados. Quizás por el hecho de que no sabía nada de lo que sucedía. De que no entendía nada. O más bien, porque me sentía observada.
Estaban en las escaleras, en el escenario, en las butacas, en el pequeño pasillo, detrás de aquellas enormes cortinas rojas, y no dudé de que en el techo. Me sentía observada por todos lados.
Había jaleo en toda la sala, profesores pidiendo que porfavor se sentarán, alumnos cuchicheando, los inteligentes de turno silbando y riéndose por cosas estúpidas y más profesores pidiendo silencio. Definitivamente la cabeza ahora sí me iba a reventar.
— Por favor les pido que guarden silencio.— La voz del director a través del micrófono hizo que volviera a mi ser.— Me lamenta informarles que un alumno de esta escuela, Patrick Lowood, a sido hallado muerto.
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