Capitulo 4: Inesperado, pero necesitado.

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          Sino fuese sido porque Lissa me despertó con el sonido de su secador de cabello, fuese dormido hasta la hora del almuerzo. Pero no, según ella necesitaba "estar bien presentada". Me obligué a mi misma a salir de la cama luego de que Lissa estuviese fuera del dormitorio, y caminé hasta mi armario en busca de lo que usaría hoy. Ya para estás horas de la mañana (casi tarde) estarían las duchas libres, por lo que no me preocupaba por tener que esperar un turno.

           Opté por tomar un short no tan corto de jean, una blusa con un ligero escote color negra, y mi cazadora. Las guarde en mi bolso de baño, con mis botas, y tomé de este junto con una toalla para ir a las duchas.

         Como esperaba, habían muy pocas chicas por las duchas, así que sólo entre en una de las primeras, y dejé mis cosas a un lado, comenzando a desvestirme, dejando la ropa caer sobre mi bolso. Abrí el grifo y vi como caía el agua, entrando segundos después debajo de está para poder relajarme un poco, quería que ese fuese un buen día, a diferencia de el de ayer. Cerré mis ojos y sentí como el agua recorría mi cuerpo, llegando a todo el, y tomé el jabón líquido, echándolo en mis manos, para luego estregar lo por mi cuerpo, haciendo espuma por este. Mime un poco mi cuerpo mientras jugaba con la espuma, para luego entrar nuevamente debajo del agua y sacar todo el jabón. Hice el mismo procedimiento con el shampoo en mi cabello, tardando está vez un poco más en este.

         Al cabo de unos minutos salí de la ducha y camine hasta donde se encontraba mi bolso, comenzando a vestirme. Tomé mi sujetador primero, y luego mis bragas, viéndolos por un momento: No eran para nada sexy, o al menos atractivos, sólo eran ropa intima casual, de adolescente aniñada. Esa chica de seguro (si, me refiero a la rubia mal portada) tenía mejor lencería que yo, mucho más sexy, y de seguro eso era lo que le atraía a él, (Si, me refiero al imbécil castaño) que ella era sexy, porque, ¿Quién estaría con una chica tan jodida? Ósea, debía de estar mal de la cabeza, aunque bueno, él también se comportaba como ella, eran tal para cual, ¿Cómo no se gustarían? Pff...

         Aguarden... ¿Por qué yo, Ela Seyvan, estaba pensando en eso? No tenía sentido. Jamás me había detenido a pensar que opinaban los demás sobre los demás, sólo pensaba en mi, no había ninguna explicación razonable para que yo me detuviera a pensar en eso ahora, y mucho menos cuestionar me sobre mi ropa intima. Definitivamente, me estaba volviendo loca. Sacudí mi cabeza de un lado a otro para olvidar esos absurdos pensamientos, a la vez que rodaba mis ojos y comenzaba a colocar mi sujetador junto con mis bragas. Tomé luego mi blusa y la coloqué rápidamente junto con mi short, me olvidé de que había lavado mi cabello y que si tardaba demasiado, se secaría y estaría de locos. Tomé mis botas luego de estar vestida, y comencé a dar saltos mientras colocaba cada una de estás. Me sorprende no haber caído mientras lo hacía ya que normalmente ese tipo de cosas desataban mi pequeña torpeza.

         Estuve lista luego de un par de minutos, por lo cual salí de las duchas, caminando hacía los espejos, para poder peinar y domar mi cabello; Se había secado un poco más rápido de lo normal, por lo cual estaba un poco alborotado, pero nada que no pudiese calmar con un poco de crema para peinar. Tomé mi bolso y saqué de está junto con un cepillo de cabello, comenzando a peinar de él luego de aplicar la crema. Con mimo peine de él hasta dejarlo con buen aspecto, y lo acomodé sobre mis hombros, luego de pasar mi cazadora por estos. Me veía bien, y justo a tiempo para la hora del almuerzo.

         Luego de volver al dormitorio para dejar mis cosas, y tomar mi móvil, junto con la llave de allí, me encamine a la cafetería que estaba en los edificios de estudio. Era domingo, y ya mañana comenzaban a entregar horarios, los maestros pedían conocernos y todo ello, por lo que la mayoría estaba disfrutando de su último día de libertad, por así decirlo.

          Llegué a la cafetería, y todo mi buen humor se vino abajo; El par de idiotas que jodieron mi día ayer estaban parados a las puertas de la cafetería, entregando algunos volantes a todos los que entraban allí. Tomé una respiración profunda y usé todo mi buen genio para poder pasar a través de ellas sin que me dieran ganas de golpearles. Lastimosamente, no fue suficiente el hacer como si les ignoraba.

          —Vaya, vaya, miren a quien tenemos por aquí. La nueva. Aunque, no me gusta ese apodo. -Dijo la chica de cabello rubio.

          —Para eso tengo mi nombre, whore. -Respondí, con una de mis mejores sonrisas falsas. No esperé por su respuesta, sólo pasé de ella y atravesé las puertas, entrando en la cafetería, caminando directamente a la barra en la cual una cocinera estaba sirviendo las bandejas de comida. El especial del día era "Tacos". Sonreí al leer esto, trayendo consigo nuevamente mi buen humor. Pedí uno de estos con total amabilidad, y una sonrisa pintada en mis labios, y esperé hasta que me entregó una bandeja con está.

          Al volverme noté que la mayoría (por no decir todos) estaban mirando en mi dirección, y no entendía el porque...

           »¿Acaso me dirás que no recuerdas el espectáculo que armaste ayer?« Dijo mi subconsciente.

           Uh, lo había olvidado por un segundo. Mordí mi labio inferior sintiendo un leve sonrojo en mis mejillas por la vergüenza, y volví mi mirada a mi bandeja, caminando hasta una de las mesas vacías. Tomé otra respiración profunda y fije mi atención en mi taco comenzando a comer de él, sin prestar atención a las miradas y habladurías a mi alrededor.

           Al acabar con mi taco, sólo me levanté de mi asiento y coloqué la bandeja con el montón, caminando hacía las puertas de salida. Ese taco había levantado mi humor un poco, ya que realmente estaba delicioso. Y para mi buena suerte, cuando salí de la cafetería el par de dos ya no estaban allí parados. Sonreí para mi misma y caminé por los pasillos hasta que un chico me detuvo frente a una hilera de casilleros. Me sonrió con amabilidad, y me relajé, aunque seguía un poco extrañada.

             —¡Hola, morocha! Te quería invitar está noche a la fogata que haremos, toda la universidad asistirá ya que es tradición. Habrá música, comida, y se les dará la bienvenida a ustedes lo nuevos.

              —Oh, okay... -Dije, alzando mis cejas con algo de sorpresa y diversión ante su saludo. Estaba algo emocionado por la fogata y era evidente. Tomé el volante que me entregaba y entendí porque el par ese estaba en frente de la cafetería.

              —Espero que asistas, eh. -Dijo el chico sacándome de mis pensamientos, y me guiño un ojo, ofreciendo otra sonrisa resplandeciente antes de seguir su camino.

              Reí ante aquello, y negué con la cabeza mordiendo mi labio inferior. ¿Ese chico me había coqueteado? Porque si era así, podía admitir que era muy guapo, y levemente familiar...




Perdiendo la cordura.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora