El Capitán Price empieza a desarrollar un interés romántico hacia la nueva integrante de la Task Force 141, Vanesa Shepherd. Sin saber que a la menor le parecía extremadamente atractivo debido a su falta de amor paternal y su gran atracción hacia ho...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Capítulo tres ¿Arrepentido?
— Lo de anoche no puede volver a repetirse — ladró Alejandro con un tono de voz alto para marcar una línea de respeto —
Todos en el salón de reuniones estaban en completo silencio, cruzados de brazos y prestando atención al mexicano que había llamado la atención a Price y a Vanessa. Soap dio una rápida mirada a la chica y la notó con su ceño fruncido, no sabía quién estaba más enojado que quien.
— Uno de esos imbéciles estaba acosando a uno de mis soldados, Alejandro – respondió Price con el mismo tono de enfado y con su voz un poco alta, marcando autoridad al levantarse de su asiento –
– Está en sus capacidades como para defenderse por sí misma – el mexicano rodó los ojos, claramente sabía las razones de John por las cuales defendió a la escocesa, sabía muy bien que sentía cierta atracción hacia ella, y la verdad no lo culpaba, él también tenía una necesidad de estar cerca de la mujer –
– Si tú no proteges a tus soldados no me importa una mierda, yo sí haría hasta lo imposible por proteger mi escuadrón – finalizó, largándose de la sala de reuniones, dejando a los demás soldados en un completo silencio –
– Deberías de estar pensando en un plan para atrapar a Shepherd y no tener tu cabeza en hacerle la vida imposible al capitán – se quejó Vanessa, retirándose igualmente de la sala de reuniones –
Alejandro frunció su ceño y se mordió la lengua, enojado y humillado. Sobre todo avergonzado por la forma en la que la mujer que le atrae lo hundió frente a los otros soldados.
Vanessa apresuró su paso para perseguir al capitán, ni siquiera lo veía a la lejanía en aquel largo pasillo, por lo que cruzó la salida, encontrándose a John recargado en la pared fumándose un puro con sus ojos cerrados y su ceño fruncido.
Era la primera vez que lo veía fumándose un puro, ni siquiera sabía que él fumaba.
– Gracias – murmuró la mujer plantándose frente a él, y ni se esforzó en abrir sus ojos para mirarla – por defenderme – aclaró –
– Es lo menos que puedo hacer por uno de mis soldados – dijo fríamente, exhalando el humo del puro por su boca –
Auch, "uno de mis soldados". Tragó saliva lentamente e hizo una pequeña mueca.
– Sobre lo de anoche... – murmuró Vanessa –
Price nada más terminar de escuchar eso, abrió los ojos de golpe y la miró con su ceño un poco fruncido.