Promesa

2.7K 168 50
                                        

Narrador omnisciente:

-Hora de muerte: 03:45 de la madrugada

Una sombra estática en el cielo escuchó claramente a esa doctora hablar, la vio cubrir el pequeño cuerpecito con una manta blanca y una traicionera lagrima escapo de sus ojos violeta furiosos, pero la limpio antes que siguiera la trayectoria, no era momento de llorar

Eso no cambiaría nada, lo único que importaba ahora era la venganza. Determinada a conseguirla se deslizo por toda la ciudad hasta que encontró a su objetivo ya sometido, golpeado, una siniestra sonrisa se dibujó en sus labios al ver la escena

No esperaba menos de ella

Se acerco sigilosa hasta llegar a la ventana de ese complejo de apartamentos abandonados, levanto el vidrio sin hacer ningún tipo de ruido e ingreso apoyándose contra la pared, de brazos cruzados, con una sonrisa dibujada bajo la máscara

Observo atenta como la sombra estiraba bruscamente el brazo de su víctima, procediendo a clavarlo en la mesa, vio lo meticulosa que era al calcular la distancia perfecta entre la muñeca y el comienzo de los dedos, colocando el clavo justo a la mitad de la palma y martilló

El grito agónico retumbo por todos lados, pero a la sombra no le importo, a ninguna, disfrutaban su sufrimiento, cuando terminó su tarea la sangre chorreaba por la madera, su brazo estaba totalmente inmóvil y la víctima se había desvanecido

- ¿Sabes? – hablo la sombra que sometía a su presa, sin darse la vuelta – es de muy mala educación irrumpir en una cristiana morada y no decir siquiera buenas noches

- ¿Desde cuando eres cristiana? – se notó la burla en cada palabra, lo que hizo carcajear a la otra sombra

Aún no se había dignado a dedicarle siquiera una mirada de soslayo, parecía no importarle en absoluto tener audiencia, tomo un nuevo clavo ancho de 25 centímetros, oxidado, dirigiéndose al otro brazo, estirándolo con brusquedad

- ¿Desde cuando eres mal educada? – repregunto antes de empezar a martillar, asegurando la mano a la madera, la sombra apoyada en la ventana rio, asintiendo, dándole por ganado este primer cruce de palabras

-Veo que tus métodos de tortura se volvieron un tanto... - observo a la mujer sobre la mesa, a sus costados dos largas maderas sobresalían, formando una especie de cruz demasiado ancha para su cuerpo y angosta para sus brazos, la misma estaba astillada, en muy mal estado, si la víctima se movía bruscamente esta se partiría, incrustándola en su cuerpo, sabía que contaba con eso – peculiares...

- ¿Qué puedo decir? – seguía sin voltearse, sin mirarla

Pero la sonrisa no se había borrado de su rostro cubierto por el velo desde que sintió su presencia acercándose a ella, misma que se amplió cuando el denso aire alrededor le confirmo que estaba detrás suyo, detallando todos y cada uno de sus movimientos

-La edad antigua y media son mi fuente de inspiración, terribles hombres con maravillosas mentes para la crueldad – junto las rodillas de su víctima doblándolas sobre la mesa de madera, coloco un pie sobre el otro y posiciono el clavo sobre el primer cuneiforme, donde generaría más dolor cuando despertara pero no inutilizaría el pie como si lo atravesara en el cuboides, no, ella no quería dejarla renga, al menos no aun – pero en este caso particular me inspire en la Persia del siglo VI a.C – comenzó a martillar, la sombra apoyada en el ventanal rio

-Ah si, lo veo – elevo la pierna derecha, dejándola doblada, acomodándose mejor para disfrutar el espectáculo – la vieja crucifixión que el olvidado imperio Aqueménida le regalo al mundo – hizo un sonido afirmativo con la garganta – aunque con tu toque peculiar, por supuesto

El despertar (GIP)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora