7- Amor juvenil

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Junior miró detenidamente el trago humeante que Mika le había entregado. 
Estaba dudando, no sabía porque, después de todo era alcohol. El alcohol humano no podía hacerle daño.
No es como si lo hubiera probado alguna vez . Tan solo era un chico y nunca se había visto interesado en ese tipo de cosas.

Las modas, encajar, ser cool, no iba con él. Alguien le había enseñado amar todas sus rarezas.

Sintió la mirada de Mika haciendo presión sobre él, incitando a qué bebiera. Decide no pensarlo más y conteniendo la respiración le da un gran trago a la copa.

Algo en Mika sacaba otro lado de él. Un lado descontrolado que no se detiene a pensar en las enseñanzas de esa voz en su cabeza que no logra reconocer.

—Ese es el espíritu, bebe todo lo que quieras — Mika se acerca de nuevo al barman y susurra algo, que por el ruido y el agobio ahora no puede entender. El barman a siente y se aparta.
— Tengo que ir a arreglar unos asuntos con unos chicos que al parecer están peleando, pero regresó enseguida. Disfruta la fiesta y no dudes en pedir más de beber o tomar comida.

Con eso, Mika se perdió entre el mar de personas.
No entendía como otros lobos se acostumbraban a esa vida. Las fiestas y las multitudes. Un mar de olores y sonidos que podrían aturdir a cualquiera.

Recordaba una vida tranquila. En uno de sus recuerdos había alguien enseñándole cómo ponerse tapones para los oídos la noche del cuatro de julio.

Nunca pensó que un pueblo sería más ruidoso que una ciudad. Y a todo eso, el recuerdo de esa persona sin rostro le hizo sentir mareado.

Bajo la mirada a la bebida y era como si se perdiera en el oscuro morado.
Decidió dejarla y buscar como despejarse. Busco un camino por dónde pasar hacia la salida lejos de todo.

Entre la multitud de cuerpos bailando y meneándose, había alguien ahí que le resultaba familiar y al mismo tiempo un extraño, un chico bailando raro. Su cuerpo aparece y se pierde una y otra vez entre la multitud, como un fantasma. La camisas a cuadros y el cabello demasiado corto.
Le estaba sonriendo, no coqueto, solo una sonrisa amable y linda.

Luego su cara se deformó hasta no ser nada más que una superficie plana.

Se estaba acercando. Como si lo mirara, lo que era raro porque no tenía ojos, ni nariz, ni boca.

Junior

Le llamo.

Junior

Esa cosa le estaba llamando.

—Noah ¿Estás bien? Te quedaste un rato mirando la nada ¿Cuánto has bebido?

—Yo...creí que...Estoy bien Mika. Solo me mareé un poco— respondió no muy convencido de que fuera verdad. Aún estaba mirando en la dirección en donde se suponía que estaba aquella figura.

—¿De verdad? ¿Es la primera vez que bebés? Ven, vamos a un lugar a qué te despejes—
Le toma de la mano para llevarlo fuera.

Detrás de la casa había un montón de autos chatarra. Al parecer un vertedero cementerio de partes de autos apilados unos a otros. Hacían contraste con la lujosa casa donde estaba la fiesta.
Mika abre uno de los autos y entran. El interior era limpio, como si fuera un fuerte que el chico acostumbra a usar.
El pequeño porche solo les daba un espacio pequeño, por lo que al entrar a los asientos sus rodillas se rozaron y a cualquier movimiento brusco le provocaba tocarse. Si los asientos de enfrente eran incómodo, no quería pensar los lugares traseros.
— Tengo más aquí ¿Quieres? — de su bolsillo sacó una cantimplora con lo que parecía ser más de ese alcohol. Le da un gran trago y la ofrece.

Rosa Pastel- SterekHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora