Capítulo 3

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Me desperté temprano, con los primeros rayos de sol filtrándose por la ventana. Hoy era un día especial, mi primer día en el trabajo en la clínica. Después de darme una ducha caliente, me dirigí a mi rincón tranquilo para rezar mi salat,  para que Allah me facilite el día que me esperaba.

Una vez completadas mis oraciones, me dirigí a la cocina para preparar un desayuno nutritivo. Mientras cortaba frutas y preparaba café, mi mente estaba llena de expectativas y no sé porqué, pero pensé en el hombre con el que me choque.

Aver Hafida centrate que solo fue un accidente y además todos son iguales

Después de desayunar con calma, me vestí con mi uniforme blanco  y con un hijab turquesa combinado con las crocs. Respiré profundamente, tratando de calmarme. Hoy era el comienzo de una nueva etapa en mi vida y la de Hafsa.

-Sbah lkhir-dijo Hafsa mirándome de abajo arriba

-Sbah noor-conteste

-Hay hay que titiza mi amiga, zin ino- Dijo alagando

-Gracias a ra3ma ino hahaha. Venga va desayuna que si no llegamos tarde-

Después de que Hafsa haya desayunado bajamos al garaje a por su coche mercedes-benz clase c nos montamos y fuimos dirección al hospital.

Al llegar, me despedí de Hafsa con dos besos y se fue al hospital de al lado de mi clínica. Al entrar fui recibida por una mujer amable que me sonrió.

-Hola. Debes de ser Hafida, ¿verdad?- dijo 

-Así es. Mucho gusto- respondí, devolviendo la sonrisa mientras me estrechaba la mano.

-Bienvenida, Hafida. Soy María, la asistente de la clínica. Estoy aquí para ayudarte en todo lo que necesites en tu primer día- explicó.

-Gracias, María-

Después de una breve charla, María me presentó al resto del equipo y me mostró mi lugar de trabajo. A medida que la jornada avanzaba, me sentía más cómoda y comenzaba a familiarizarme con las rutinas de la clínica.

Después de una mañana agitada en la clínica, decidí tomarme un descanso y llamar a Hafsa.

-Bonjour ¿cómo estás?-dije cuando finalmente respondió.

-Salut madame ¿Cómo te va?- respondió siguiendome el rollo

-Ha sido un poco intenso, pero bien alhamdulilah ¿Te gustaría reunirnos en la cafetería frente al hospital para tomar un café?- propuse 

-Oke. Nos vemos en unos minutos-respondió

Después de colgar, guardé rápidamente mis cosas y salí de la clínica con una sonrisa, lista para disfrutar de una buena charla con mi amiga de toda la vida.

***

Mientras Hafsa y yo nos sentábamos en la  cafetería, tomábamos sorbos de nuestro café caliente y nos explicabamos como habia ido el primer dia, Hafsa parecía tener algo en mente. Con un brillo en los ojos, me miró y dijo:

-¿Sabes quién trabaja en el hospital?-

Intrigada, le pedí que me contara.

-Bueno, cuando llegué al hospital esta mañana, me encontré con el amigo del hombre con el que te tropezaste. Se llama Bilal, y resulta que es enfermero aquí- explicó Hafsa con una sonrisa.

Mis ojos se abrieron de par en par en 

-No puede ser, espero no encontrarme con su amigo- exclamé, aún asimilando la coincidencia.

-No se yo, eso espero. pero antes de salir Bilal me dijo que ya nos veríamos en la cafetería-

-Aver cuentame como te ha ido-dije curiosa

-Pues Bilal se ofreció a enseñarme el hospital y las instalaciones y me mostró donde trabajaría-dijo con un brillo en los ojos

-Hay hay slam wslam 3la rasol lah, mi amiga se casa- dije medio gritando emocionada

-Callete loca que la gente te está mirando.- dijo avergonzada

-Eso es un si. Entonces te gusta-dije

-Haver no me gusta nos acabamos de conocer, además el es rifeño-

-Aya3rinw lagf tamghra (que suerte de aqui poco boda). Rifia y rifeño la mejor combinación-dije riendo

-Calla... murmuró Hafsa, interrumpiendose a sí misma mientras su mirada se perdía en un punto.

 En ese momento, Bilal y su amigo entraron en la cafetería. Hafsa me insistió a que me girara, dejándome atónita.

Mis ojos se encontraron con el del amigo de Bilal, y recordé el incidente del restaurante. Que  vergüenza , y me sentí aún más incómoda ante su presencia. 

¿Qué pensaría de mí ahora tras ese insulto? 

Traté de mantener la compostura, pero por dentro, estaba muerta de la verguenza 

Narra Haitam:

Soy Haitam, tengo 24 años. Nací en Holanda y soy de origen chelh. Actualmente trabajo como especialista en marketing en una empresa local. La empresa está frente al hospital donde trabaja mi colega Bilal, quien es enfermero.

Mientras me preparaba para mi primer día de trabajo en la empresa, no podía sacar de mi mente el encuentro con aquella chica en el restaurante. Sus ojos, su mirada , incluso la forma en que se movían sus pestañas. No podía evitar preguntarme quién era ella.

Arbi salama que estoy diciendo, no te enamores todas son iguales

Después de un largo día de trabajo en la empresa, Bilal y yo decidimos relajarnos un poco en la cafetería de delante del hospital antes de irnos a casa. Al entrar a la cafetería para tomar un café, mis ojos se conectaron directamente con aquella chica. Me quedé sin aliento al verla de nuevo. Sus ojos, profundos como el café.

- ¿No son ellas las chicas del restaurante del otro día?-susurré, tratando de no llamar demasiado la atención.

Bilal giró la cabeza para mirar y frunció el ceño mientras las observaba.

-Sí, Haitam, tienes razón. Son ellas. La de velo negro trabajamos en el mismo hospital-respondió, con un brillo en los ojos.

Asentí con la cabeza, sintiéndome  intrigado por la posibilidad de volver a hablar y conocer aquella chica. Nos acercamos a su mesa y las saludamos amablemente.

-Assalam W'alaykum Hafsa, que tal-dijo Bilal, rompiendo el hielo con una sonrisa.

Las chicas nos miraron con sorpresa y devolvieron el saludo.

Después de que Bilal saludara a Hafsa nos sentamos en una mesa de al lado. Así que me quedé allí, sin poder apartar la mirada, maravillado por la increíble belleza de la chica del restaurante, que llevaba hijab.

La voz de Bilal rompió el hechizo en el que me encontraba 

-¿Qué pasa, Haitam? ¿Te ha robado el corazón esa chica del restaurante?- bromeó, con una sonrisa pícara .

-No es nada de eso- Respondí

Y me reí, sintiéndome un poco avergonzado por ser descubierto en mis pensamientos.

Bilal continuó con su broma, haciendo gestos exagerados con las manos.

-Ah, entiendo. Es solo que tus ojos parecían estar pegados a ella como si fueras un imán-dijo, entre risas.

-Está bien, está bien, tienes razón. Pero no es lo que parece-respondí, intentando defenderme .

Nos tomamos unos momentos para disfrutar del momento, compartiendo bromas y risas. Aunque Bilal se la pasaba haciendome bromas, sabía que siempre estaria ahí para mí. 

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