Katherine
El frío de la madrugada ya no era un simple acompañante, se había convertido en una segunda piel. Llevo horas aquí, sumergida en la espesura de este bosque que ahora se siente como una extensión de mi propio vacío. No he parado de llorar; mis conductos lagrimales arden y mi garganta se siente como si hubiera tragado brasas. El dolor en mi pecho es una herida abierta, un desgarro que ninguna regeneración vampírica puede cerrar. Cada vez que el eco de la voz de Darcy regresa a mi mente —"me arrepiento de ser tu hija"—, el aire se escapa de mis pulmones y el llanto vuelve a brotar con una fuerza que me hace temblar.
Estaba sentada contra el tronco rugoso de un roble centenario, con la mirada perdida en la danza macabra de las sombras, cuando un sonido rompió la armonía del bosque.
Fue un chasquido seco. Una rama rota bajo un peso torpe.
Me puse en alerta al instante, bajándome de la rama donde descansaba con una agilidad felina, mis pies descalzos tocando el suelo sin producir el más mínimo ruido. Empecé a observar a mi alrededor. Las vetas de calor de los árboles y el rastro térmico de los insectos eran lo único que veía, pero el ruido persistía. No era el movimiento fluido y rítmico de un depredador nocturno, ni el corretear errático de una presa.
Era un ruido humano. Un jadeo entrecortado, una pisada pesada y carente de gracia.
Gruñí entre dientes, sintiendo cómo la adrenalina empezaba a quemar en mis venas, mezclándose con la bilis de mi tristeza. Saqué mis colmillos, sintiendo el punzón eléctrico en mis encías mientras la sed, que antes era nula, empezaba a despertarse por puro instinto de defensa. Si algo o alguien intentaba acercarse a mí en este estado de vulnerabilidad, se encontraría con el monstruo que siempre he sido.
—¿Quién está ahí?
Susurré, pero mi voz apenas se elevó sobre el susurro de las hojas.
Ashhh, si tuviera el poder de Eleanor... Mi hermana y su oído biónico habrían detectado el origen de esa perturbación a kilómetros de distancia. Ella podría contar los latidos del corazón de ese intruso, sabría si está asustado o si porta un arma. Yo, en cambio, tengo que confiar en mi instinto de caza y en la vibración del suelo bajo mis pies.
Empecé a caminar, moviéndome entre los matorrales como un jirón de niebla negra. El ruido venía del este, cerca de un barranco donde la maleza es más densa. Mis dedos se curvaron, listos para invocar mi telequinesis si fuera necesario para aplastar lo que fuera que estuviera perturbando mi luto. La idea de que un mortal estuviera merodeando tan cerca de mi refugio de dolor me irritaba; me hacía sentir observada, profanada en mi momento de mayor miseria.
Cada paso que daba era una lucha entre el deseo de destrozar algo para liberar mi rabia y el miedo de que, quizás, sea alguien que me traiga noticias de casa... o alguien que me obligue a recordar que, fuera de este bosque, el infierno sigue esperando por mí.
* * * * * *
XX
El frío de la madrugada calaba hasta los huesos, pero el odio que me quemaba por dentro era un combustible más que suficiente para ignorar el temblor de mis manos. Ajusté la correa de mi ballesta táctica, sintiendo el peso de las flechas con punta de plata bañadas en verbena. Mis hombres se movían a mi alrededor como sombras torpes, sus respiraciones agitadas delatando su miedo. Para ellos, esto era un trabajo peligroso; para mí, era un acto de justicia divina.
—¡Vamos, apúrense!
Siseé, sin elevar la voz más de lo necesario. El silencio en este bosque era antinatural, como si los mismos árboles temieran a la criatura que se escondía entre ellos.
ESTÁS LEYENDO
Clan Dracul: Lazos sangrientos - Libro 2
FanfictionEl amor prohibido de Katherine Dracul y del nuevo vampiro impuro Henry Socarras se vio envuelto en una traición brutal, dejando a la hija menor de Drácula en las puertas de la muerte. Ahora, la guerrera Dracul yace en coma en Transilvania. Superar e...
