Katherine
Dos meses han pasado desde que el búnker de Austin Cruz se convirtió en cenizas, y con él, se quemaron también los últimos vestigios de una soledad que parecía eterna. La casa, que antes era un mausoleo de mármol y ecos de reproches, ahora vibra con una energía que casi puedo saborear en el aire: es una mezcla de notas de piano, risas adolescentes y el aroma constante a sándalo y lluvia que desprende Henry.
Estamos más felices que nunca. Lo veo en la forma en que Darcy tararea mientras se arregla para ir al estudio, lo noto en la postura relajada de Edward cuando discute de filosofía con su padre, y lo siento en cada caricia de Henry, que parece querer recuperar siglos de tiempo perdido en un solo abrazo.
Sin embargo, esta semana... algo ha cambiado en la frecuencia de la casa. Como vampira, soy sensible a las vibraciones del ambiente, y el aire en la casa se ha vuelto denso, cargado de secretos que susurran en los pasillos cuando creen que no estoy cerca.
He visto a todos muy raros.
Ayer, por ejemplo, entré en la biblioteca y encontré a mis cuatro hermanas amontonadas sobre un pergamino antiguo. En cuanto mis pies tocaron el umbral, Eleanor cerró el documento de un golpe y Perrie empezó a hablar efusivamente sobre el clima de Rumania. Danielle ni siquiera me miró a los ojos; estaba demasiado ocupada fingiendo que le interesaba mucho una mancha en la pared. Y Barbara, fingiendo que lee un libro.
—¿Qué les pasa?
Les pregunté, alzando una ceja.
—Parecen niñas escondiendo un diario.
—¡Nada, Katherine! ¡Por Drácula, qué desconfiada eres!
Exclamó Barbara con una sonrisa demasiado perfecta, demasiado ensayada. Y no son solo ellas. Henry está en un estado de nerviosismo constante que trata de ocultar tras su máscara de estrella de rock experimentada. Lo he pillado haciendo llamadas en el balcón a las tres de la mañana, hablando en susurros con Nick. Cuando me acerco, cuelga de inmediato y me rodea con sus brazos, distrayéndome con besos en el cuello que, aunque efectivos, no logran borrar mi sospecha. Incluso los niños están en el complot. Edward y Darcy, que suelen ser como mis guardaespaldas, llevan tres días encerrados en el sótano, en el ala de ensayos, y cuando intento entrar, la puerta está bloqueada.
—¡Mamá, estamos ensayando un riff muy complejo, no entres!
Gritó Edward desde el otro lado hace unas horas.
Mentira. No escuchaba ninguna guitarra. Escuchaba el murmullo de voces discutiendo sobre "fechas", "invitados" y algo que sonó sospechosamente a "el protocolo del Consejo".
¿Qué les pasará? Me pregunto mientras camino por el pasillo principal, observando los cuadros de nuestros antepasados. ¿Acaso el gran conde Drácula, ha enviado una notificación de la que no me han hablado? ¿O será que Henry está planeando algo que cambiaría nuestra dinámica para siempre?
La curiosidad me quema por dentro tanto como la sed de sangre. No soporto los secretos en mi propia casa, especialmente cuando todos parecen estar coordinados por una fuerza invisible y más sabiendo que llevan lentes de contacto para que no les lea a ninguno el pensamiento. Soy Katherine Dracul, la mujer que sobrevivió a milenios y a cazadores implacables; no voy a dejar que mi propia familia me mantenga en la oscuridad.
Miro el reloj de pared. Es casi medianoche. La casa está en un silencio sospechoso, ese tipo de silencio que precede a una tormenta... o a una celebración que no he autorizado.
—Muy bien, familia...
Susurro para mis adentros, dejando que mis ojos brillen con un destello carmesí en la penumbra del pasillo.
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Clan Dracul: Lazos sangrientos - Libro 2
FanfictionEl amor prohibido de Katherine Dracul y del nuevo vampiro impuro Henry Socarras se vio envuelto en una traición brutal, dejando a la hija menor de Drácula en las puertas de la muerte. Ahora, la guerrera Dracul yace en coma en Transilvania. Superar e...
