El destino de los Dracul parecía haberse teñido de un rojo más oscuro que la propia sangre esa noche. Mientras las sombras se alargaban sobre Hunedoara, la tragedia tejía su red con una precisión macabra. Los hijos de Katherine, movidos por un arrepentimiento que les quemaba las entrañas, habían cometido el error fatal de la juventud: creer que su linaje los hacía invulnerables.
En la linde del bosque, donde la humedad se pegaba a la ropa y el silencio era una trampa en sí mismo, Edward y Darcy corrían con el corazón desbocado. Pero el suelo no era de tierra y raíces, sino de trampas ocultas bajo el manto de hojas muertas. Un chasquido metálico, un resplandor de luz química y, de repente, la red de acero galvanizado los elevó del suelo, quemando su piel con una pátina de verbena pulverizada.
—Vaya, vaya... dos vampiros más han pisado el anzuelo.
Una risa ronca surgió de la penumbra. Austin Cruz no estaba solo; sus hombres emergieron de los árboles como espectros de la muerte.
—¡Suéltennos!
Gritó Darcy, forcejeando contra la red que le cortaba la respiración.
—Oh, no. Vamos, chicos, que el jefe estará muy satisfecho al ver a otros dos especímenes.
Dijo el cazador con una sonrisa predadora.
—¡AYUDAAAAA!
Gritaron al unísono, pero sus voces fueron tragadas por la inmensidad del bosque.
A kilómetros de allí, en el coche que surcaba la ciudad a toda velocidad, Eleanor se dobló por la mitad. Un nuevo espasmo de dolor, más agudo, más punzante, le atravesó el esternón.
—¡Es ella... pero ahora hay más!
Jadeó, con los ojos en blanco.
Perrie, cuya mente era un radar de frecuencias prohibidas, entró en un trance violento. Sus manos temblaban y una gota de sudor frío recorrió su sien.
—Chicos... ya sé dónde está.
Dijo Perrie, con la voz cargada de un terror que nunca le habíamos escuchado.
—Pero no está sola. Han atrapado a Edward y a Darcy.
—¡¿QUÉ?!
El grito de Henry fue un rugido de animal herido.
—¡No! ¡Eso no puede estar pasando! ¡Estaban durmiendo!
—No perdamos tiempo.
Sentenció Danielle, apretando los puños hasta que sus nudillos crujieron.
—Perrie, guíanos.
En lo profundo del búnker, Katherine permanecía en la oscuridad de su venda hasta que el sonido de unos pasos familiares y unos sollozos que conocía mejor que su propia vida rompieron su corazón una vez más.
—¿Quién es?
Preguntó, con la voz temblorosa por la debilidad de la verbena.
—¡MAMÁAAAA!
El grito de sus hijos fue como una estaca directa al alma.
—¿Hijos?
Katherine se quedó gélida.
—Austin... suéltalos. Ellos no tienen la culpa de nada.
Austin se acercó a los adolescentes, que estaban encadenados en un rincón. Una lágrima de sangre rodó por la mejilla de Katherine. El cazador se rió, un sonido seco y carente de humanidad.
—Con que la vampira más temida tiene sentimientos...
Carajeó.
—Te voy a dar donde más te duele. Vamos a empezar con esta hermosura.
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Clan Dracul: Lazos sangrientos - Libro 2
FanfictionEl amor prohibido de Katherine Dracul y del nuevo vampiro impuro Henry Socarras se vio envuelto en una traición brutal, dejando a la hija menor de Drácula en las puertas de la muerte. Ahora, la guerrera Dracul yace en coma en Transilvania. Superar e...
