Capítulo 2

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Aranza

Los años han pasado, o al menos lo que para mí se ha sentido como una dulce eternidad de triunfo, y todavía disfruto cómo la sustancia de mi poder, la privación, entró en el sistema de la estúpida de Katherine Dracul. La puedo imaginar pudriéndose lentamente. Me puedo imaginar que ese clan está derribado sin la presencia de esa, la más poderosa después del conde Drácula. ¡La odio!

Ahora ya me siento tranquila porque por fin pude matarla y quitarle a su hombre. Al fin Henry es solo mío, aunque su lealtad sigue siendo... incierta. En parte, vengué la muerte de mi amado Logan, el cual lo mató esa perra la Dracul. Ya era hora de que yo ganara algo en esta maldita guerra de sangre.

Unas deliciosas lombrices caramelizadas con sangre A+ son mi cena de esta noche. Me siento en el sofá, cómoda y confiada, frente al televisor de pantalla plana. Me estiro hacia la mesa de centro para tomar el control y prender la enorme pantalla. Busco algo de distracción, pero lo que encuentro me quita el apetito.

Si mi mandíbula no la tuviera pegada, se me hubiese caído al piso con la noticia tan desagradable que están pasando en las noticias vampiras. Mi corazón, que no late, se congela.

Desde el hospital para vampiros, el conde Drácula informa que la regeneración de su hija menor, Katherine Dracul, fue un éxito y, después de 5 años de coma, por fin ha abierto los ojos. La segunda vampira más poderosa renace de las cenizas...

¡Esto tiene que ser una mala broma! ¡Ese tipo de cosas no me puede pasar a mí! Creí que la había matado y en realidad está más viva que nunca. ¡Eso no puede ser! Nadie queda vivo ante mi poder de privación; es absoluto, es el veneno final. Se ha salvado, pero ahora no se va a escapar de esta.

La bilis me sube a la garganta. Necesito un nuevo plan, uno donde no me manche las manos directamente. Tengo al vampiro perfecto para hacer el trabajo sucio mientras yo observo desde el banquillo.

Me levanto a toda prisa del sofá, arrojando el plato de lombrices a la pared. Tomo el celular, que dejé cargando cerca del comedor. Marco el número. Uno, dos, tres, cuatro... Al fin responde.

—¿Aló?

—Tienes que venir ya a Brasov.

Mi voz es cortante, impaciente. Desde lo que sucedió, me mudé a la ciudad de Brasov. El territorio que era de mi clan, pero el clan Dracul los eliminó a todos. De ellos, solo quedo yo, aunque no sea una Brasov de sangre. Esta ciudad es la perfecta para esconderse, porque ningún Dracul puede pisarla por no ser su territorio.

—¿Qué pasó? ¿Por qué tanta urgencia?

Se oye cansado, aburrido. Eso es lo que menos me importa en este momento.

He dicho que vengas ya. ¡Te necesito aquí, en mi casa!

No hay súplica, solo una orden.

Ya voy para allá.

La resignación en su voz me da una pequeña satisfacción. Él viene, y con él, el plan para destruir a Katherine finalmente podrá continuar.

* * * * *


Henry

Todo ha cambiado. La palabra "cambio" se queda corta para describir la transformación que sufrí. Mi vida mortal, mis amistades, mi propia moral... todo se esfumó.

Desde que me alejé de los Dracul, o más bien, desde que Aranza me convirtió en una noche de rabia y desesperación, mi existencia se ha convertido en una sombra de lo que fue. Soy un vampiro, sí, con una fuerza y velocidad que solo había soñado, pero soy un esclavo.

Clan Dracul: Lazos sangrientos - Libro 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora