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Querido profesor, le escribo esto para hacerlo conocedor del problema que lleva rondando en mi mente durante meses.
Espero que usted sea capaz de disipar  mi duda y con suerte, darme alguna clase particular.

Durante las últimas semanas mientras asisto a sus clases, un sentimiento de calor se apodera de mi y me prohibe concentrarme en lo escrito sobre la pizarra.
Mi vista siempre baja hasta sus manos sujetando con fuerza el gis y un suspiro cálido brota de mis labios.
Observó con atención sus largos dedos y no puedo evitar preguntarme que tan profundo podrían clavarse entre mis piernas.

Mi respiración se acelera y cruzó las piernas bajo mi pupitre, se acerca y me mira con esos ojos verdes que me enloquecen y siento la humedad en mis bragas.
Si tan solo estuviéramos solos...

Al acabar las clases la campana suena y eso significa que debemos separarnos una vez más. Nuevamente sin tener la oportunidad de siquiera acariciarnos.

Camino lentamente a su escritorio y dejó que mis caderas se balancen libremente.
Su mirada se aparta del libro que lee tan ambiciosamente y siento como su mirada me examina.
No sin antes detenerse por dos pequeños segundos al llegar a mis labios.

Lo miro en silencio y nuevamente no me atrevo a pedirle nada, por más que así lo deseé mi cuerpo.
Lamo mis labios antes de salir y nuevamente mi vista se posa en sus manos mientras imagino todo lo que podría hacerme con ellas.
De nuevo siento ese calor asfixiante y solo me alejo entre los pasillos.
Siempre deseando más, siempre deseándolo a usted.

Espero profesor que comprenda este problema y pueda explicármelo a detalle.
De ser así, gustosa tomaré clases extras en su despacho después del colegio... Y si no... Espero que al menos me conceda el privilegio de seguirle viendo.


𝑨𝒎𝒂𝒏𝒕𝒆𝒔 𝑵𝒐𝒄𝒕𝒖𝒓𝒏𝒐𝒔 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora