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— ¿Qué? —la voz de Yami tembló, sintiendo cómo su mundo se desmoronaba—. ¿Embarazada? ¿Mi hermana está...?
Gabriel soltó una carcajada gutural que hizo eco en todo el lugar, deleitándose con el caos emocional desatado.
▬ Oh, qué conmovedor ▬se burló el ángel caído, permitiendo que sus cuernos brillaran con energía dorada▬.La pequeña Ichika esperando un bastardo del portador de antimagia. Será un placer arrancar esa aberración de sus entrañas antes de matarlos a todos.
— ¡Hijo de puta! —rugió Asta, sintiendo cómo la furia se apoderaba de su ser.
Pero antes de que pudiera lanzarse, Yami lo detuvo con su brazo, manteniendo su katana en posición defensiva.
— Ichika —dijo el pelinegro sin voltear a verla—, lárgate de aquí. Ahora.
— Hermano, puedo pelear...
— ¡Que te largues, maldita sea! —explotó Yami, dejando que su oscuridad se expandiera por el ambiente—. No voy a permitir que arriesgues a mi sobrino por tu orgullo de mierda.
La pelinegra apretó los puños, sintiendo cómo las lágrimas amenazaban con escapársele. Miró a Asta buscando apoyo, pero el cenizo mantenía su vista fija en Gabriel.
— Ve con los civiles —le pidió Asta con voz suave pero firme—. Protégelos. Confío en ti para eso.
«No puedo perderla... no a ella ni a nuestro hijo», pensó mientras veía cómo Ichika asentía a regañadientes.
En ese momento, los Ryuzen aparecieron en formación de batalla. Yosuga al frente con su katana desenvainada, seguido por Jouzou, Daizaemon, Komari, Kezoukaku y Fujio.
— Parece que llegamos justo a tiempo —comentó Yosuga, evaluando la situación.
— ¡Yosuga-dono! —exclamó Ichika—. Necesito que...
— Ya lo sé —la interrumpió Yosuga—. Kezoukaku, Komari, acompañen a Ichika. Los demás, prepárense para la batalla.
Desde un tejado cercano, Noelle observaba todo con el corazón destrozado. Sus manos temblaban mientras procesaba la información: Asta e Ichika juntos, ella embarazada... todo lo que había soñado se desmoronaba frente a sus ojos.
«No... esto no puede estar pasando», pensó la albina, dejando que su mana de agua comenzara a arremolinarse a su alrededor. «Él era mío... siempre fue mío...»
Gabriel descendió completamente, permitiendo que sus pies tocaran el suelo. Su presencia era tan abrumadora que el pavimento se agrietó bajo su peso.
▬ Qué reunión más patética ▬escupió con desdén, observando a los guerreros reunidos▬.Humanos, demonios, todos ustedes son igual de repugnantes. Pero no se preocupen, pronto los liberaré de su miserable existencia.