El cuarto de Jungkook aún resonaba con el silencio, solo interrumpido por el suave zumbido de la máquina que monitoreaba su estado. El olor a desinfectante se había vuelto su compañero constante desde que la enfermedad lo había recluido en aquel lugar.
Había pasado toda la noche anterior con una idea en mente, sin poder dormir. Por ello, con movimientos cuidadosos, deslizó su silla de ruedas hasta la puerta de la habitación de Hoseok, en busca de claridad mental.
Jung Hoseok se había ganado una reputación notable en el área de pediatría. Nadie sabía cómo lo había logrado, pero se había infiltrado entre el personal de enfermería hasta llegar a la sala donde los niños recibían su quimioterapia. Allí, comenzó a narrar diversas historias, cautivándolos y transportándolos a través de su palabra a mundos llenos de fantasía. Para los padres de esos niños, era como un ángel que les traía esperanza a sus hijos. Sin embargo, para los otros pacientes adultos, era simplemente un chico con buena imaginación.
Hoseok recibió a Jungkook con una sonrisa de complicidad en sus labios. Incluso el cuarto del chico parecía un oasis de esperanza en medio del desolado paisaje del hospital, con las paredes llenas de cuadros coloridos.
— ¿Qué te trae por aquí, Jungkook? —preguntó Hoseok, rompiendo la quietud.
Jungkook titubeó un instante antes de responder.
— Vine a escuchar esa leyenda. La de ayer. —confesó, empujando con decisión las ruedas de su silla para acercarse más.
Hoseok arqueó una ceja, asombrado por el pedido, pero pronto su rostro se iluminó con la idea de compartir una de sus leyendas.
— ¿La leyenda de las hadas? —sugirió con una mirada llena de entusiasmo.
— Sí, por favor —asintió Jungkook, conteniendo el aliento en espera.
Hoseok se acercó a su amigo y empujó la silla de ruedas, guiándolo hacia el gran ventanal que poseía la habitación.
— Existe un lugar donde las cosas adquieren colores distintos, donde todo luce más bello, y las personas no caminan, sino que vuelan con alas en sus espaldas. Es ahí donde los deseos se vuelven realidad, donde lo imposible comienza a ser posible. Sigue derecho hasta llegar al final del arcoíris, y como recompensa por tu travesía, aquellas hadas te cumplirán un deseo, aquel que anhelas con todo el corazón.
Una vez concluida la narración, un silencio cargado de pensamientos llenó la habitación. Afuera, el bullicio del hospital continuaba su curso ajeno a los pequeños momentos de felicidad que se vivían dentro de aquellas paredes.
— ¿Crees que todo eso sea real? —preguntó Jungkook, rompiendo la quietud con una voz cargada de dudas.
— No hay manera de saberlo, pero a veces la realidad es más sorprendente que la ficción —respondió Hoseok con un destello de esperanza en sus ojos.
— ¿Cómo podría ser eso real? — Una tercera voz se unió a la conversación, sorprendiendo a ambos. Era Jimin— Son solo cuentos para niños, no hay que tomarlos tan en serio —afirmó con un tono pragmático.
El debate entre la fantasía y la realidad parecía eterno, pero Jungkook ya había tomado una decisión. Una chispa de determinación brilló en sus ojos, revelando una nueva determinación.
— Iré —anunció de repente, sorprendiendo a los presentes y deteniendo la discusión de golpe. Incluso Jimin se acercó para comprobar que su temperatura estuviera bien.
La idea de escapar del hospital y explorar lo desconocido se había arraigado en su mente, alimentando una llama de esperanza en su corazón.
— Jungkook, es solo una historia para niños, no es real. ¿A dónde piensas ir? —inquirió Jimin, preocupado por la impulsividad de su amigo.
— No lo sé todavía, pero tengo que intentarlo. Necesito creer en algo más que estas cuatro paredes —confesó Jungkook con una determinación renovada.
— Hoseok, dile. Dile que no es real y que surgió de la mente de algún soñador — insistió Jimin.
— No lo sé, Jimin. Hay testimonios — respondió Hoseok indeciso.
— Jimin, hace mucho mi hermano dejó una carta mencionando algo sobre un arcoíris. Él creía en la magia. Hoseok solo lo trajo a mi memoria. Es mi turno de creer — explicó Jungkook.
— ¿Estás loco? —exclamó Jimin, con incredulidad pero con una sonrisa en su rostro.
— Quizás un poco —admitió Jungkook con una sonrisa, sintiendo el peso de la decisión en sus hombros.
Jimin soltó un quejido, observando a ambos como si se hubieran vuelto locos, soltando pequeños murmullos sin lograr formar una oración coherente que pudiera convencer a su amigo. Finalmente, suspiró, dejando caer sus hombros.
— Iré contigo — dijo de repente el pelinegro, sonriendo de lado, con las mejillas abultadas de pequeñas pecas. — Será divertido recorrer el mundo con un buen amigo en un auto sin rumbo fijo — añadió, dando la espalda a ambos y dirigiéndose hacia la puerta.
— ¿Es una broma? — preguntó Hoseok entre risas, pensando que a veces el hospital no era tan aburrido.
— No, estoy cansado de estar en este hospital y no tengo a dónde más ir, así que iré con Jungkook — respondió, observándolo de reojo. — No te importa, ¿verdad, Jungkookie?
— Supongo que un poco de compañía no me vendría mal — respondió Jungkook con seriedad, intentando ocultar la emoción en su voz.
Observó cómo Jimin se iba, tratando de controlar el latido acelerado de su corazón. El chico al que solía observar con frecuencia y al que escuchaba todas las noches lo acompañaría en su viaje, solos en un auto. No sabía cómo ocultaría el pequeño enamoramiento que sentía por ese chico.
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Al final del arcoiris | Kookmin
FanficEn dónde Jungkook decide ir al único que podía salvarlo de su muerte. O donde Jimin decide acompañarlo, esperando que la muerte se lo lleve antes de ver a su amado morir. • ♡ 𓂃 inicio: 10.10.2022 • ♡ 𓂃 retomado: 05.06.2024 • ♡ 𓂃 kookmin...
