🌻⚽️🍂; 𝙎𝙖𝙡𝙜𝙖𝙢𝙤𝙨 a conversar un rato cualquier día, pa' recordar esos momentos cuando tu eras mía
Después de muchos años de vuelen a encontrar... se vuelven a ver
Y como el primer día, el amor y el deseo siguen en el aire pesado de las cáma...
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Medellín / Colombia 17 de marzo - 2:30 PM Richard
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Ya había pasado una semana desde que había llegado a Colombia y el reencuentro con Majo no había resultado como esperaba.
Toda la semana me había quedado a dormir en la casa de Carrascal y no la había visto más de dos veces. Me desilusionaba el no estar con ella después de tanto tiempo, ya que había aceptado la oferta de Colombia solo por volver a verla.
Carrascal me había dicho que tenía novio: era un jugador argentino que jugaba en River y al que había conocido gracias a él. Pero la verdad no me importa; el pasado que tenía con ella tenía más peso que la supuesta historia que tenía con el argentino.
[...]
Habíamos acabado de entrenar y estábamos de camino a la casa de Carrascal junto con James y Lucho; íbamos a comer algo para celebrar que mañana era nuestro primer partido.
—Oye, Jorge, Majo no está en la casa, no la he visto estos días —dice James desde el puesto de atrás.
—Ella sí está en la casa, solo que no le quiere ver la cara al pobre Richard y se la pasa hablando con Facundo —dice riéndose.
— Ay ve pobrecito el niño, no lo quieren ver ni en pintura —dice Lucho en ese tono burlón que lo caracterizaba.
—No es mi culpa que cada vez que me vea quiera dejar al noviecito ese que tiene, pues —digo antes de bajarme del carro.
Todos estábamos esperando a que Carrascal abriera la puerta para entrar. Entramos y lo primero que vimos fue a Majo sentada en el mueble viendo el partido de River, con una pijamita que le quedaba hermosa.
—¡Ajo, Majito! Hace días no te veía —dice James yendo a saludarla.
Ella se levanta del mueble y camina hacia James para saludarlo, pero antes de que llegue a donde él, la agarré del brazo con cuidado de ni lastimarla y la llevé a su cuarto.
—¿Pero qué es lo que te pasa a vos? —dice enojada.
—Mira con las pintas que andás —digo enojado.
—Estoy en mi casa, Richard, y yo decido qué me pongo. No dejo que ningún carechimba venga y me diga qué puedo hacer y qué no —dice sentándose en la cama.
—¿Tu noviecito no te dice nada? ¿O él no sabe que estás con tu ex en la casa? —digo levantando la voz.
—No jodas, Richard, y mejor lárgate de mi cuarto —dice levantándose.
—Te sentás y te vas a cambiar porque vamos a salir —digo saliendo del cuarto.
—Sí, ¿qué más, papá? —dice sarcásticamente.
Cierro la puerta y me dirijo hacia ella.
—No me volvás a decir así, porque se me va a olvidar que tenés novio y ya sabés lo que va a pasar después —digo tomándola del cuello.
—Soltame, Richard —dice intentando zafarse de mi agarre.
—Me hacés el favor y te cambias y te ponés linda, que nos vamos a ir a comer —digo soltando el agarre de su cuello.
Salgo del cuarto encontrándome con las tres figuras masculinas al lado de la puerta.
—¡Vaya y coma mierda, Richard! —la escucho gritar desde su habitación.
—¿Y ustedes qué hacían ahí? —digo refiriéndome a los tres hombres que se encontraban al frente mío.
—Nada —dicen los tres al mismo tiempo.
Todos nos fuimos a cambiar y, al terminar, nos sentamos a esperar a que Majo terminara de arreglarse.
—¿Majo va a salir o no? —dice Carrascal.
Al escuchar el chirrido de la puerta, todos volteamos a ver: ella venía con un lindo vestido rojo pegado al cuerpo que le hacía resaltar sus hermosas curvas.
—¿Quién pidió pollo? —dice James, a lo cual yo lo fulmino con la mirada.
—Vamos —digo saliendo de la casa.
—Jorge, yo me monto atrás —dice ella dirigiéndose al carro de Carrascal.
—No, vos venís conmigo —digo volteando a verla.
No dijo nada y se montó al carro. Pasó un tiempo y ninguno de los dos habíamos dicho nada, hasta que ella rompe el silencio.
—¿Qué querés conmigo, Richard? —dice mirándome.
—Quiero arreglar las cosas con vos. Cuando me fui para Brasil hice muy mal en dejarte de hablar y sé que te perdí, pero quiero que volvamos a ser lo de antes, Majo. Tú eres muy importante para mí y te prometo que nada de lo que siento ha cambiado —digo poniéndole la mano en la pierna.
—Yo tengo novio, Richard, y vos me hiciste mucho daño cuando te fuiste —dice quitándome la mano de su pierna.
—Ese carechimba se puede quedar por Argentina, el muy hijo de puta —digo estacionando el carro.
—Déjame pensarlo, Richard, y yo te digo después —dice saliendo del carro y dirigiéndose al restaurante
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