🌻⚽️🍂; 𝙎𝙖𝙡𝙜𝙖𝙢𝙤𝙨 a conversar un rato cualquier día, pa' recordar esos momentos cuando tu eras mía
Después de muchos años de vuelen a encontrar... se vuelven a ver
Y como el primer día, el amor y el deseo siguen en el aire pesado de las cáma...
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Miami / Florida 21 de mayo - 7:42 pm Richard
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Estábamos en el estadio cantando el himno entonado por la mismísima Karol G; la final contra Argentina estaba a solo minutos de comenzar. Yo estaba sudando de los nervios; era mi primera vez jugando este tipo de partidos, pero a pesar de eso confiaba plenamente en mis habilidades.
El partido había comenzado. Argentina estaba jugando de maravilla, pero nosotros estábamos respondiendo mejor. Cada pase que le hacíamos al número diez terminaba en un remate al arco; era casi imposible anotar un gol gracias al arquero argentino, quien atajaba todos y cada uno de los balones que aterrizaban en su área. La tensión se sentía en todo el estadio, y aunque estaba predominantemente pintado de amarillo, las manchas de azul de la hinchada rival hacían un contraste impactante.
El encuentro estaba por terminar y el marcador seguía 0-0 por parte de ambas selecciones, hasta que de repente, en un fuerte remate hacia nuestro arco, el jugador de la albiceleste anotó el primer y único gol para la selección argentina, poniéndose un paso por delante de nosotros. Aunque hicimos todo lo posible por empatar y forzar los penaltis, el tiempo no nos alcanzó, dándole la victoria una vez más a Argentina.
Estaba destruido. No solo yo, toda la Selección se encontraba cabizbaja. Aunque el segundo lugar no era un mal puesto, soñábamos con llevar la Copa a casa y celebrar la gloria después de veintitrés años.
Me encontraba recibiendo la medalla otorgada por la federación al quedar subcampeones de la Copa cuando la vi: mi querida Majito se encontraba a solo unos metros de distancia. Su camiseta amarilla con el dorsal número ocho me iluminó la cara en cuanto la observé. Tengo que admitir que me alegraba profundamente que estuviera ahí, a pesar de todo.
Pasaron muchas cosas después de aquella tarde en la casa de los Carrascal; solo puedo decir que me la pasé de fiesta en fiesta y con diferentes mujeres. Tengo que aceptar que no me siento orgulloso de eso; al contrario, me siento como una completa mierda.
Al recibir los honores, nos retiramos de la cancha y nos dirigimos al túnel. Ya allí, Néstor Lorenzo nos felicitó y nos aseguró que para la próxima nos llevaríamos la Copa sin importar qué.
La pelinegra se encontraba a un lado de su hermano, sentada en una silla y observando cada movimiento de los jugadores. Tenía que admitir que me dolía no poder ir a abrazarla y desahogarme con ella... pero ella ya sabía toda la mierda que yo había hecho en cada discoteca a la que fui en las últimas semanas. Opté por dejar esos pensamientos de lado e irme a un bar con Lucho, James, Santi Arias y Borja.
Llegamos y lo primero que hicimos fue pedir unas copas. Tiempo después estábamos analizando los fallos del partido, cuando la vi. No era precisamente la mujer que deseaba ver, pero sí era uno de mis recursos más confiables: buen porte, cabello largo y rubio, y un cuerpo escultural. Me cuesta admitirlo, pero siempre ha sido una de las primeras cosas en las que me fijo.
Me levanté de la mesa y me dirigí hacia la rubia. Le hice una seña, ella se acercó y, sin cruzar prácticamente una palabra, la llevé hacia el auto y manejé directo al hotel donde nos hospedábamos los jugadores.
[...]
Siete y cuarenta y cuatro de la mañana. El sol está insoportable y la jaqueca me está matando. Volteo la cabeza y lo primero que me encuentro en la almohada es una cabellera totalmente rubia y lacia... Todo lo contrario a lo que deseaba ver a estas horas. Me levanto de la cama, entro a la ducha y me baño.
Me despido de la mona diciéndole que nos veríamos pronto, lo cual era una mentira piadosa porque nunca la llamaba, le escribía ni la buscaba; siempre terminábamos encontrándonos de pura casualidad para terminar en cosas de las que me arrepentía al día siguiente.
Salgo de la habitación, camino por el pasillo y lo primero que me encuentro es...
[...]
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