🌻⚽️🍂; 𝙎𝙖𝙡𝙜𝙖𝙢𝙤𝙨 a conversar un rato cualquier día, pa' recordar esos momentos cuando tu eras mía
Después de muchos años de vuelen a encontrar... se vuelven a ver
Y como el primer día, el amor y el deseo siguen en el aire pesado de las cáma...
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Medellín / Colombia 3 de junio - 4:52 AM Majo
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Ya habían pasado varios días desde que le dejé las cosas claras a Richard y casi un mes desde que "terminamos". Yo llevaba ya un tiempo intentando algo con Kevin; a decir verdad, me había invitado a más de cinco citas y ya me había pedido ser su novia. La noticia me tomó por sorpresa: todavía no había superado a Richard por completo y no me sentía lista para un compromiso serio, así que mientras tanto teníamos encuentros esporádicos.
Ayer fue el cumpleaños de Richard. Claramente lo felicité, pues después de todo habíamos sido amigos desde pequeños. A él no se le pasó invitarme, pero le dije que no quería ir. Después me llamaron Juvenal y Neimar insistiendo para que fuera, pero les excusé diciendo que estaba enferma. También invitaron a Jorge quien, a diferencia mía, sí fue; de hecho, se arregló desde temprano y salió a comprarle el regalo.
Estaba sentada en el sofá esperando a que Jorge llegara, ya que me había mandado un mensaje hacía unos veinte minutos avisando que venía en camino. Escuché sonar el timbre y me levanté a abrir, encontrándome a mi hermano tratando de sostener el cuerpo de un moreno de un metro ochenta y cinco.
—¿Qué hacés ahí parada? ¡Ayudame, que este man pesa! —dijo mirándome serio.
Lo ayudé a cargarlo y a acomodarlo en el sofá mientras tanto.
—¿Por qué lo trajiste, Jorge? Vos sabés que él y yo terminamos —dije acomodandome el short de la pijama.
—Dijo que quería venir a despedirse... Se va pasado mañana para Brasil —respondió Jorge cansado.
—Me resulta difícil verlo así... —musité mirando el cuerpo del moreno sobre el sillón.
—Se la pasó toda la fiesta hablando de vos. Me preguntó como cien veces por ti y por qué no habías ido. Él está muy triste, Majo. Yo sé que te hizo mucho daño y que ahora estás bien con Kevin, pero Richard ha cambiado... Poco, pero se le nota la intención de hacerlo. Y de hacerlo por vos —dijo caminando hacia su cuarto—. ¿Te ayudo a llevarlo a la pieza?
—No, tranquilo. Yo lo llevo, dormí en tranquilo —respondí viendo a Jorge entrar a su habitación.
Cargué el gran cuerpo de Richard tratando de que no se me cayera; me costaba bastante considerando que yo peso sesenta kilos y él setenta y ocho, sumado a la gran diferencia de estatura. Lo acosté en la cama, le quité los zapatos y lo cobijé con la sábana.
—La extraño mucho, Juve... —escuché que balbuceó entre sueños.
Tengo que admitir que me resultaba durísimo verlo de nuevo. Sentía que mis sentimientos, lejos de apagarse, habían crecido durante todo este tiempo distanciados. Me acosté en la cama a su lado y lo abracé; se sentía tan bien estar así con él, aunque fuera por última vez.
[...]
Me desperté al sentir el resplandor del sol dándome en la cara. Abrí los ojos y me encontré a aquel moreno que me mueve el mundo mirándome fijamente con sus ojos color avellana.
—Buenos días, mami... ¿Cómo amaneció? —escuché decir con esa voz carraspera y ese acentico paisa que me vuelve loca.
—Buenos días, Richard —dije levantándome de inmediato de la cama.
—¿Por qué se levanta tan rápido? Venga, quédese un ratico conmigo en cucharita —dijo palmeando el colchón a su lado.
—No me parece bien hacer eso. Ya terminamos.
—Yo con usted no quiero terminar nada, mami. Venga, déjese explicar... —dijo sentándose en el borde de la cama.
—Ya tengo a alguien más, Richard —solté sin pensarlo dos veces.
Se notó cómo se quedó helado procesando mis palabras. Bajó la cabeza lentamente y vi cómo se le escapó una lágrima.
—¿No le importó? Dígame... ¿No le importó nada de lo que vivimos juntos? —se levantó de la cama de golpe—. Vuelva conmigo, amor... Se lo ruego, no me deje, mami —dijo tomándome suavemente del rostro.
Me aparté de su toque y abrí la puerta de la habitación para luego voltear a verlo.
—Richard, andate. Por favor... —dije haciendo un esfuerzo sobrehumano para retener las lágrimas.
Vi cómo agarró sus zapatos del suelo y me miró con los ojos cristalinos.
—Espero que le vaya muy bien con el cantante ese, ¿me oyó? —dijo acercándose a mí paso a paso—. Hasta pronto, mami.
Finalmente lo vi salir de la casa. Regresé a mi habitación y me desbordé en llanto. Le agradecí a Dios que Jorge ya no estaba en la casa, pues no quería que me escuchara llorar más de lo que ya lo había hecho.
Estaba destrozada; sentía como si algo se me hubiera arrancado del pecho. Era duro, pero me repetía que era la mejor opción tanto para él como para mí. Estaba segura de que haría una buena vida con Kevin y que sería muy feliz a su lado... ¿o no?
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