CHAPTER SEVEN

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Seong—Jin debía cuidar a su hermano. Así lo había estipulado su padre el día hoy.

Así se lo había rogado su madre hacia 2 años en su cama estando moribunda. El pequeño cuerpo de una Seong—Jin  de 10 años tembló violentamente con aquel recuerdo.

Una vez más, se miró las prendas que llevaba puestas con aburrimiento, porque tendría que estar con los amigos de su mellizo toda la tarde. A los que no se había tomado el tiempo de conocer aún.

Miró al conductor al que su padre había pagado un dinero extra para llevarlos porque obviamente él no podría hacerlo y se sintió miserable de nuevo.

Un pensamiento muy triste para una niña de 10 años.

Jin —Jin.

Escuchó que la llamaba Se—Yeon a su lado con su voz hecha un susurro, traía esa sonrisa pintada en el rostro que solo le brindaba a ella. Y a su mamá.

—¿Que pasa?— lo miró sin expresión alguna

El pequeño, que era unos centímetros más bajo que ella, la miró con culpa.

Lamentó que papá te haya obligado a venir...— ella quiso negar y tratar de mentirle diciéndole que estaba bien, pero él no le permitió hablar— Pero se que la pasarás mejor aquí que en casa sola.

Seong—Jin no perdió el tiempo en enarcar una ceja con ironía.

Elabora, querido hermano.

—Puede que yo haya convencido a papá para que te dejara salir y fuera completamente mi idea...— rio nerviosamente moviendo sus manos en el aire

—¡Yoon Se—Yeon!— volteó a mirar al conductor con rapidez y le ordenó— ¡Detenga este auto!

El hombre la miró por el retrovisor con una sonrisa juguetona, creyendo que se trataba de algún juego entre hermanos.

Estoy apunto de parquear, señorita. No se preocupe.

—¡No!— chillo tapándose el rostro

Su hermano se acercó a ella y la tomó de los hombros.

Jin—Jin, odio sentir que nos estamos separando.— la niña se aparto las manos de los ojos y lo miró confundida— Hablo más con Su—Ho y Seo—Jun... y eso que los conozco desde hace 3 meses. A ti sólo te veo cuando pasas enfrente de mi habitación y para la cena.— señaló

—¡Porque son tus amigos!

—¡Y tú eres mi mejor amiga, Seong—Jin!— la pelinegra abrió los ojos con sorpresa y su hermano miró hacia la ventana abochornado— Al menos lo eras...

Antes de que mamá muriera. Fue lo que pensó Seong—Jin con amargura.

Solo quiero a mi hermana de vuelta, no a una empleada mas de papá a la que no le importo.

Una sonrisa triste hizo que los ojos oscuros como él ónix de Seong—Jin brillaran.

—Eres lo más importante para mi, Se—Yeon. Eres lo único que me queda.

El pequeño con mejillas regordetas sonrió hasta que sus ojos no se vieron, haciendo reír a su hermana con ternura. Lo único que deseaba era que esa sonrisa no desapareciera del rostro de su mellizo, aunque ahora mismo le estaba sacando canas verdes con esta petición.

EVERYTHING HAS CHANGED Donde viven las historias. Descúbrelo ahora