Capítulo II

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Mientras nuestras novias disfrutaban de un lindo momento de pareja, Nicky se encontraba atravesando un campo de obstáculos para lograr llegar a tiempo a dónde se encuentra el armero del clan. Y cuando estaba a punto de llegar, a solo un paso para tocar la puerta de manera insistente, está se abrió, justo en su cara, y de la forma más dolorosa que te imagines.

—¡Oh! Eres tú —dijo el propietario del lugar, Démian, luego de asomar la cabeza sólo para encontrarse con el cabezota del hermano adoptivo de su mejor amiga. Y preguntándose dónde estaba —. ¿Sabes? Para ser uno de los líderes de tropa... Eres muy torpe.

Mientras Démian, pasaba por encima de Nicky, quién lo miraba como si quisiera clavarle un puñal en el estómago y retorcerlo tantas veces como fueran posibles, intentó levantarse solo para ser detenido por una bota en su pecho.

—Vine por las flechas de Alexis. —Dijo mirándolo a sus ojos negros como alas de cuervo, cosa que lo sorprendió ya que nunca lo hace, generalmente le rehúye a su mirada ya que le causa escalofríos.

Mientras Nicky pensaba en no dejar mostrar la forma en que se sentía intimidado por un chico de apenas dos años menor que él y que además se encarga de hacer todas y cada una de las armas que portan todos en el Clan, Démian analizaba las palabras que salieron de su boca. Si su querida Lexi lo había enviado a buscar SUS flechas, significa que una estupidez había hecho y una grande.

—Okey —dijo para después retirar su pie y dirigirse a dejar la caja que cargaba a una mesa que había ahí cerca, buscando en su interior algo.

Claro que, en el proceso de búsqueda aprovechó para asustar un poco al hijo del comandante. En lo que buscaba había tirado por todos lados, claro nunca en el piso, varias de las armas, la mayoría era dirigida a Nicky, las cuales le rozaron en varios lugares, Hasta que...

—¡Ajá! Las encontré —el acto de Démian con las armas había hecho recordar a Nicky por qué no había que hacerlo enfadar, ya que por más que esté de espaldas a un blanco, tiene una de las mejores punterías, por no decir la mejor, nunca falla ni un lanzamiento, con lo que sea. —Dile a Lexi que pase por aquí al atardecer.

Una vez dicho eso dio media vuelta y fue a buscar todas las armas que lanzó adrede. Aquí entre nos, a Démian le agrada Nicky, sólo que le gusta fastidiarlo. Mientras Démian juntaba sus armas, Nicky aprovechó para irse con el carcaj con flechas a buscar algo de comer. Claro que, no sabía que ciertas personas lo usarían de chivo expiatorio.

Cuando estaba por entrar a la cocina de Dionne, se encontró a un cuarteto de dos cabelleras rubias y dos cabelleras castañas siendo regañados por dos personas, aparentemente de alto rango. Pero nuestro querido Nicky cometió el error de saludar.

—Hola muchachos, ¿Cómo les va? —Los regañados giraron a verlo, iban a saludarlo de regreso, pero no se sabe si por arte de magia o qué, pero por alguna razón se les ocurrió la misma idea.

—Fue su idea, él nos convenció de hacerlo —hablaron al unísono, los dos adultos los miraron alternando su mirada entre los cuatro acusados y el nuevo sospechoso.

—¿Es eso cierto hijo? —Nickolay dejo de caminar para después girarse lentamente y enfrentar a su padre y al jefe del clan.

—¡Papá! Jefe ¿Cómo les trata la vida? —dijo con su sonrisa más inocente, y de manera formal para no terminar castigado también.  Claro que no tomó en cuenta que los segundos al mando de su padre lo tomaran de los brazos y lo hicieran arrodillar frente a los lideres y junto al cuarteto del caos, a quienes miró con reproche y dándoles a entender que más tarde tendrían una larga discusión.

—Gracias Luc, Donovan.

—Cuando quiera jefe. Suerte, chico. —dijo Donovan antes de retirarse, pero no sin antes de darle un asentimiento de cabeza a los líderes y un apretón en el hombro a Nickolay.

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