"La maldad es como una sombra que se cierne sobre el corazón de quien le permite entrar, oscureciendo su luz y corrompiendo su alma"
(***)
No podía creer lo que acababa de vivir. Mis emociones estaban alteradas y mi labio inferior temblaba. Todo había sucedido tan rápido que me resultaba difícil procesarlo. Había tenido que tomar decisiones rápidas y desesperadas contra los que se hacían llamar mis amigos.
Deseaba continuar llorando, pero mis ojos estaban secos, ya no podían derramar más lágrimas. Me sentía exhausta, sin fuerzas para enfrentar la situación. Reconocía que había cometido un error, pero mi única motivación había sido la supervivencia.
Me sentía abrumada por haber sido interrogada por la policía. Cuando me leyeron mis derechos y me detuvieron, me invadió el pánico, no tenía forma de defenderme. A pesar de haber sido detenida antes por delitos menores, esta vez era diferente. Lo que acababa de hacer podía llevarme directamente a un reformatorio.
No podía ir a la cárcel porque era menor de edad, pero no sabía si sería peor ir a un reformatorio o a la prisión. No estaba segura de lo que me esperaba.
Me encontraba sentada en una habitación blanca, con una mesa frente a mí y mis manos esposadas delante de mí. Aun sentía dolor en mi brazo por la forma en que me lo retorcieron para inmovilizarme y esposarme, antes de llevarme a comisaria.
Ya me habían interrogado más de tres veces y me habían tomado fotos con carteles que tenían mi nombre y número de registro ciudadano. Me dijeron que se me acusaba de varios cargos.
Primero, mi intento de asesinato de Colin en la habitación del hotel había salido mal. Luego, cuando atropelle a Nabu con el coche, pensé que había acabado con su vida. Afortunadamente, no murió, pero su estado era crítico en la UCI. Las acusaciones no paraban de llegar: robo de vehículo, destrozo del coche de Colin, escándalo público y agresión a Angelique en la discoteca.
Me habían advertido que pasaría la noche en el calabozo y ahora solo me quedaba esperar a que los agentes me escoltaran hasta allí. Después de dos agotadoras horas de interrogatorios y papeleo, finalmente llegó el momento de enfrentar las consecuencias de mis acciones.
Sabía que tenía derecho a hacer una llamada, pero no sabía a quién acudir. Mis padres ya habían sido contactados, pero estaban en Europa, tardarían mucho en llegar. No tenía ni idea de que abogado llamar, nunca antes había tenido que contactar con ninguno.
Si le hubieras contado la verdad a la policía las cosas serían diferentes para ti.
A veces mi conciencia podía ser tan molesta, pero era cierto que si revelaba que todos habían intentado matarme, solo me acusarían de agresión en la discoteca. Era preferible eso a enfrentar todos los cargos que había acumulado a lo largo de la noche.
Me sentía atrapada en una pesadilla.
Si contaba la verdad nadie creería en mi palabra.
Eran las personas más respetables de Estados Unidos, hijos de familias poderosas.
Por eso, durante todo el interrogatorio, mantuve la boca cerrada. No dije ni una palabra que pudiera incriminarme.
En ese instante, la puerta de la habitación se abrió y me encontré frente a un hombre con traje, el pelo canoso y negro peinado hacia atrás. En su mano, sostenía un maletín con el emblema de la familia real de Nightingale.
¿Qué diablos hacia alguien de Nightingale aquí?
Nunca se mezclaban con otros países, ellos eran la capital soberana. Pero al recordar lo que había sucedido la noche anterior y cuentas veces habían repetido el nombre de la capital, algo me decía que había alguna conexión.
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THORNFIELD #1
RomanceTRILOGIA CROWNS AND BETRAYALS Willow Ashford se encontraba atrapada en una pesadilla sin fin. El internado Thornfield, con su aire lúgubre y sus oscuros corredores, no inspiraba confianza. Y para empeorar las cosas, tenía que lidiar con la presenci...